Martes 11.12.2018

La ciudad industrial que nació en el medio de la nada

Hace ahora 50 años Agrela no era Agrela y poco hacía presagiar que un inmenso conjunto de fincas de monte raso se convirtiese con el paso de los años en el primer polígono industrial de Galicia por número de empresas implantadas.

  eduardo diz, fundador de frigo diz, llevó a sus trabajadores a conocer donde estaría emplazada la fábrica. foto: cedida por eduardo diz querentes  foto: susy suárez
eduardo diz, fundador de frigo diz, llevó a sus trabajadores a conocer donde estaría emplazada la fábrica. foto: cedida por eduardo diz querentes foto: susy suárez

Hace ahora 50 años Agrela no era Agrela y poco hacía presagiar que un inmenso conjunto de fincas de monte raso se convirtiese con el paso de los años en el primer polígono industrial de Galicia por número de empresas implantadas. Pero unos pocos emprendedores confiaron en la ubicación y allá que se fueron al medio de la nada sin ninguna pretensión más allá de montar su negocio y salir adelante.
Ahora el polígono que los absorbió en sus sucesivas ampliaciones protagoniza una exposición fotográfica por su cincuenta cumpleaños y el cuarenta aniversario de la Asociación de Empresarios de Agrela, que quiere aportar el reconocimiento que merecen los pioneros.
En la muestra, que se puede visitar por las tardes en la Fundación Novacaixagalicia, se aprecia la evolución de las aldeas donde las casas se repartían en pequeños puñados al área industrial.
La gerente de la entidad, Teresa Firvida, va desgranando cada fotografía con su historia contando que aquí y allá había “pueblecitos”, la subestación de Fenosa y Emesa, Isolux o la empresa Talleres y Varaderos Chas, que era donde se reparaban los trenes para después regresar a la estación de San Cristóbal. Hay que aguardar hasta el año 1961 para que se adivinen algunos trazados pues antes había solo unos pocos como la carretera de Baños de Arteixo, que lucía orgullosa el tendido eléctrico de un trolebús que unió la ciudad con Carballo entre 1950 y 1971.
Más allá de las imágenes que muestran el cambio estructural que sufrió esta ciudad industrial hasta darse la mano con la ciudad real “en la calle de Isaac Peral”, la celebración fotográfica esconde todo un anecdotario. Con la división en cuatro partes sobre su evolución urbanística; las empresas; los problemas que hubo que solventar y las infraestructuras que se pidieron y la propia la asociación, las historias dan para un libro. Y de hecho este verá la luz en otoño.

topónimos y anécdotas
Pero Firvida adelanta algunas historias como la del cambio de nombre de la asociación, que en un principio era de La Grela-Bens. “La Grela era una mala castellanización: Agrela venía de agra pequeña porque los terrenos eran un conjunto de agras que son muy habituales en la ciudad”, cuenta, y en 2003 se decidieron a cambiar la toponimia, al menos de su nombre.
También se acuerda del abandono de la ermita, que llegó a estar “okupada” y de su párroco Nazario Rama, y de que Agrela también fue un pequeño (o gran) Penamoa, donde hubo que luchar para echar a los chabolistas de los terrenos. “Había empresarios que eran incapaces de construir en su parcela por problemas con el chabolismo”, pues había casetas montadas por lo que hoy es la fábrica de Estrella Galicia o en el Elefante Azul, y solo eran una pequeña parte del reino del descontrol. Incluso un mercadillo –luego trasladado a la ciudad– impedía el trabajo en algunas compañías cada semana.
Pero una vez que el polígono se empeñó en existir fue incluso circuito oficial de carreras con ayuda de los expresidentes de la asociación, Javier Rey y Eduardo Diz, cuyo busto preside hoy una de las entradas al polígono. También está presente en la muestra, con una foto en la que se le ve con todos los empleados “a los que llevó para enseñarles dónde se iba a construir la nave porque era muy ceremonioso”.
En el capítulo de las empresas hay espacio para Doña Rosa, de la Funeraria Génesis Marrosa, o para la estanquera del lugar, muy conocidas en Agrela.

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