Lunes 18.03.2019

Un cementerio de esculturas malvive en medio del asfalto

En el cementerio de esculturas que la ciudad muestra al viandante, Méndez Núñez presume de contar con una importante representación.

 Al conjunto escultórico dedicado a Concepción Arenal le faltan cadenas y letras del nombre de la intelectual
Al conjunto escultórico dedicado a Concepción Arenal le faltan cadenas y letras del nombre de la intelectual

En el cementerio de esculturas que la ciudad muestra al viandante, Méndez Núñez presume de contar con una importante representación. Entre ellas, Curros Enríquez teme los chorros de agua que recibe a modo de limpieza y que están borrando poco a poco el nombre de su creador, Francisco Asorey. El museólogo Felipe Senén explica que están relabrando un monumento que vigila desde lo alto cómo al que fuera alcalde de A Coruña, Suárez Ferrín, le falta un trozo de pómulo metálico. Si uno sigue por Entrejardines llega al perímetro reinado por Concepción Arenal, que tiene una placa con su nombre de la que solo se salvan cuatro letras.  A las cadenas les faltan más eslabones, una extracción reciente, según Senén, que deja incompleto el conjunto. A pocos metros, una especie de minobelisco, que  recuerda que el jardín se debe a la generosidad de García de la Torre, cuenta con una vitrina que guarda un termómetro reventado. 
Aunque hay carteles que advierten de que la zona está vigilada por la Policía Local, lo cierto es que al ver la mala salud de los ilustres de bronce, uno tiene la sensación de que los saqueadores actúan a sus anchas porque Murguía es “RGVA” según un letrero y Fernández Latorre conserva tan solo una “f” despistada y las “t”, “r” y “e” de su segundo apellido. Por su parte, la vírgula de la “ñ” navega solitaria como única pista de la procedencia del homenajeado. El resto descansa en manos del vandalismo. En un parque donde el doctor Hervada se adivina por las sombras que dejaron las letras de su nombre sobre la piedra, Pondal ve cómo un pino resiste a los embistes de los que no tienen pudor a la hora de estropear un bien público. 
En la Torre, Senén se queja también del abandono. En los últimos 20 años, no hay un plan de mantenimiento como tampoco lo hay sobre los museos: “Algo para o que existe unha ciencia e non se trata só de abrir as portas”. En la furna dos Touciños, descansa “Espinoso”, que además de aguantar vendavales, sortea las piedras que le llevan lanzando desde que Enrique Saavedra lo colgó de las rocas. Senén alerta del estado de las puertas de O Parrote, de los escudos de San Antón, “sen tratamento desde 1975”, y en general, del patrimonio que pace sobre el asfalto.

Comentarios