sábado 31/10/20

La Barrié acerca al Sorolla verde y pedregoso que pintó “Tierra adentro”

Cuando Sorolla se ponía a pintar colocaba piedras encima del caballete para que no volara y se preocupaba de que el lienzo estuviera a salvo desde su sillita de madera. En Levante apenas tenía que hacerlo, pero cuenta la directora de la Fundación Sorolla, Consuelo Luca de Tena, que aquí, en Galicia, se enfurruñó y le puso caras al tiempo por no dejarle salir con sus bártulos a retratarla.

La exposición se puede ver hasta el 26 de febrero	javier alborés
La exposición se puede ver hasta el 26 de febrero javier alborés

Cuando Sorolla se ponía a pintar colocaba piedras encima del caballete para que no volara y se preocupaba de que el lienzo estuviera a salvo desde su sillita de madera. En Levante apenas tenía que hacerlo, pero cuenta la directora de la Fundación Sorolla, Consuelo Luca de Tena, que aquí, en Galicia, se enfurruñó y le puso caras al tiempo por no dejarle salir con sus bártulos a retratarla. 
Aun así, se fue con el placer de descubrir un mar de matices suaves, diferente al suyo. Lo pintó en todos los retratos que hizo de la tierra y por eso, hoy Galicia no forma parte de la exposición “Sorolla. Tierra adentro”. 
La responsable señaló que, en ese sentido, la comisaria Carmen Pena siguió el guión a pie juntillas y las 67 obras que le sirven de celebración a la Fundación Barrié por su 50 aniversario confirman la sensibilidad de un pincel que no se dejó llevar por las vanguardias. Cogió lo mejor del impresionismo, la luz, y la llevó a su terreno: “Él siempre decía que lo bonito era la realidad”. 
Fiel a lo que veía, Sorolla no forzó y Castilla sale “pedregosa”. Asturias es verde, pero un tanto gris por eso de la llegada de la industrialización y Granada es sierra y nieve. De los 67, Luca de Tena destaca dos. Los elige por el cielo dramático y de tormenta que acaba de pasar. La experta explica que por encima del monumento, para Sorolla siempre estuvo el paisano: “Le gustaba hablar con la gente y que le contasen”. Por eso, las maravillas de Toledo están en segunda línea. Lejos. En una primera, están ellos en el campo o sus casas. Los hombres parecen gigantes en un recorrido por el interior del país, donde va haciendo paradas. De todas, tiene la capacidad de llevarse algo positivo.
En este sentido, Consuelo recuerda que el pintor vivió en una época turbia, donde el país perdió las colonias y el pesimismo fue la bandera de muchos. No la suya. 
Comenta la especialista que Sorolla no se amilanó por el mal karma que reinaba: “Es muy dueño de sus recursos que dan lugar a imágenes poéticas y tiene empatía con lo que ve”. De Galicia, percibió la delicadeza y la gama cromática, “lo mismo le pasó en Zarautz y Biarritz” y con esto, se fue al sur para romper con los tópicos. 
Dejó a un lado todo el folclore y se dejó llevar por su raza naturalista, que era como le gustaba definirse: “Es cierto que asimiló el impresionismo, que fue anterior a su tiempo”. Sin embargo, siempre le pareció inacabado. La muestra confirma en los bloques: Mitología regionalista y naturaleza, Sorolla en verde y gris, la invención de Castilla como emblema nacional y la “España blanca”, la intención del artista que todos los años viajaba a París “para ver qué pasaba con el arte”. En su forma de hacer, la directora afirma que está la huella de Cezanne, Degas, Toulouse Lautrec y Monet, desde el punto de vista de “un optimista radical”. 
Luca de Tena afirma que antes de su generación, Castilla era intocable. Nadie la pintaba, dice Consuelo, pero con el propósito de olvidar el panorama al que se enfrentaba España, sus coetáneos se refugiaron en el género del paisaje y la escogieron por la singularidad de su suelo. En una de las piezas, Sorolla recogió la mineralidad de Segovia en contraste con el cielo en el que se detuvo siempre que no hubiera mar por el medio. En Burgos, se paró en la nieve: “Sabe captar la tonalidad de la luz” y la capa blanca le sirve para divertirse: “Pintar monumentos le aburría muchos”. Estaban demasiado quietos. 
Aunque de Toledo, se quedó abrumado por su condición de histórica e imperial y de embajadora de tres culturas, la exposición confirma que por encima de todo está la geología de cada lugar: “Las tonalidades grises y azuladas, casi sin vegetación”. En ese viaje por España, Andalucía es chumbera y viñas y Levante, una probeta de la que también se empapa: “Va tocando la realidad rural de su tierra” y el verde cambia. Es distinto. 

eSTUDIOS
Sobre una vitrina, se pueden ver pequeñas creaciones sobre tablas, en los que va afilando la luz que lo definió. Son los primeros pasos, antes de coger la mochila y encerrar en grandes piezas la magia del territorio para “Visión de España”, un encargo con el que decoró las paredes da biblioteca de la Hispanic Society of America. Curiosamente, 14 bocetos de ese proyecto se pueden contemplar al mismo tiempo en Bellas Artes. 
De todos, la Barrié se queda con los de interior, los menos conocidos, pero no por eso los menos interesantes: “Es un círculo vicioso y al final se enseñan poco”. Con un programa didáctico al frente y la colaboración entre la Barrié y la fundación del pintor por la que se dará a conocer al Sorolla fotógrafo, “Tierra adentro” pretende completar la visión del que se asocia siempre al azul “mediterráneo”. n

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