sábado 31/10/20

Así nació el mercado de Eusebio da Guarda (II)

La primera parte de la historia del mercado de Eusebio da Guarda se publicó el pasado domingo

Dibujo de uno de los puestos del mercado de Hierro de Eusebio da Guarda
Dibujo de uno de los puestos del mercado de Hierro de Eusebio da Guarda

La primera parte de la historia del mercado de Eusebio da Guarda se publicó el pasado domingo


La inauguración del mercado da Guarda se lleva a efecto el 9 de abril de 1910, asistiendo al acto junto con el alcalde el teniente de alcalde –Folla Yordi y Lens Viera– la hermana de Eusebio da Guarda, doña Rosa da Guarda, para recibir en su nombre aquel agradecido homenaje.
Una vez realizado el acto inaugural, los invitados asistentes al mismo pudieron degustar en el Gran Hotel de Francia un apetitoso lunch, con el cual fueron obsequiados por las autoridades municipales, en honor del fausto acontecimiento social.
En cuanto a los pormenores de la obra, el cuerpo central de la instalación había costado 189.053 pesetas y la testamentaría entregaría el resto del dinero para lograr construir los pabellones laterales norte y sur, aunque este resultó insuficiente para culminar la obra. Aquel pabellón central contaba con 52 puestos destinados a la venta del pescado fresco y todos eran de mármol fino. La envidia de la ciudad estaba en aquel mercado da Guarda.

pabellones norte y sur
Los pabellones norte y sur disponen de 45 puestos cada uno, donde se venden legumbres, pan, huevos, aves, carnes de cerdo y vacuno. Mientras que en las marquesinas se instalan otros 28 puestos más, los cuales se dedican a la venta de verduras, flores, frutas y otras variedades. El alquiler o cuota a satisfacer diariamente oscilaba entre los 25 céntimos de peseta y las dos pesetas.
El 24 de diciembre de 1925 se redacta un nuevo proyecto de obras y mejoras del mercado da Guarda. Las mismas se realizan a mediados del año 1927 para tratar de conservar dicha edificación, al tiempo que se proyecta abrir dos portalones de hierro en los pabellones de las fachadas Norte y Sur, pero solo se llegará a realizar la última en marzo de 1928, cuyas obras quedan bajo la supervisión del arquitecto municipal, Pedro Ramón Mariño Ortega.
Quedarán ejecutadas a finales de aquel año.
El costo de las mismas alcanzaba cerca de 70.000 pesetas y consistían en cambiar la cubierta de los pabellones norte y sur, que era de hierro galvanizado, por otra de chapa canaleta de uralita. Haciendo diversos reparos y pintado de canalones, reposición de vidrios, pintado de hierros y maderas en general y otras construcciones de armaduras y cubiertas de las azoteas de tres de los pabellones centrales.
Sin que se sepan los motivos, el Ayuntamiento aprueba el derribo del pabellón central y lo sustituye el 27 de noviembre de 1958 por otro cuerpo carente de interés y personalidad, a base de hormigón, ladrillo y cemento, cuyo costo sería 16.335.201 pesetas. Dicho espacio está ocupado por algo más de cien placeros dedicados a la venta del pescado, quienes habían resistido tres años en los puestos provisionales que el Ayuntamiento instaló al raso en plena calle. Luego se construirán los nuevos cuerpos laterales que sustituyen en 1963 a los edificios antiguos de los pabellones laterales de aquel recordado mercado de hierro.

demolición
Y finalmente el 5 de abril del 2002 se acuerda la demolición de dicho mercado para dejar paso a uno nuevo, obra que se lleva a efecto el 15 de noviembre del 2003, levantando en aquel solar un tercer mercado que contiene la vistosidad del hierro, como había deseado Eusebio da Guarda, aunque sin la monumentalidad de aquel de antaño. Obra del arquitecto Jacobo Rodríguez Losada e inaugurado en el mes de julio de 2006, presenta un edificio de planta rectangular, en donde destacan el hierro, el vidrio y su cubierta de cobre, que alberga un lucernario también rectangular. Consta de tres plantas y dos sótanos, costando la friolera de 25 millones de euros y su altura en el vértice más elevado alcanza los 13.5 metros.
Actualmente es un mercado que atrae al público tanto por la calidad de los productos perecederos que allí se venden, como por el comercio instalado en sus pabellones laterales y las grandes superficies de los lados norte y sur.

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