domingo 22.09.2019

El arte como aliado para combatir el hormigón y regenerar espacios dormidos

El mural de la plaza ubicada junto a la calle Caballeros conforma la última aportación del mundo del diseño a las paredes coruñesas, una práctica que parece coger fuerza a la hora de apostar por la revitalización de los distintos barrios. Lidia Cao y Xulia Pisón, exalumnas de la Pablo Picasso, son las autoras que firman esta obra
El mural de la calle de Caballeros representa un singular firmamento con particulares nebulosas, galaxias y constelaciones | patricia g. fraga
El mural de la calle de Caballeros representa un singular firmamento con particulares nebulosas, galaxias y constelaciones | patricia g. fraga

Parece que las ciudades comienzan a despertar de su letargo y dejan atrás las oscuras décadas en las que el gris del cemento protagonizaba los paisajes urbanos. El arte, como en muchos otros aspectos, se convierte en una buena opción para dar un lavado de cara a cualquier espacio, por lo que cada vez es más común, donde antes había suciedad o abandono, ver ahora realidades de un color diferente.

Una de las últimas aportaciones a las paredes coruñesas lleva la firma de Xulia Pisón y Lidia Cao, dos exalumnas de la Escuela de Arte Superior de Diseño Pablo Picasso que decidieron colaborar en un proyecto pensado para la plaza ubicada en la calle Caballeros –frente a la estación de autobuses–. “Esta foi a segunda proposta que fixen para Ruarte –un festival de arte urbano creado en el anterior mandato–. A primeira está na mesma rúa pero conta unha historia algo máis acorde coa zona das estacións. Pero desta volta, para unha praciña tan decaída e abandonada, permitinme algo máis de liberdade poética e cromática e elixín crear unha metáfora na que sumerxisrte aludindo á astronomía e á mitoloxía”, explica Pisón, que realizó el diseño y que, a pesar de llevar solo un año como muralista, cuenta ya con obras por Galicia adelante y parte del extranjero –hace unos meses viajó a París al Label Valette Festival–.

Su especial fascinación con el espacio y la ciencia ficción, surgidos cuando en su infancia cuando asistió a unos cursos de astronomía en el Planetario de la Casa de las Ciencias, hicieron que, aunque “non acabei sendo astrónoma ou astronáuta como quería naquela época”, resarciese sus ansias a través de esta obra. “É unha representación colorida e psicodélica do firmamento onde podemos ver elementos como nebulosas, galaxias, exoplanetas e, os protagonistas, a constelación de Orión xogando ó disco co seu can Sirio, a constelación do Can maior”, indica.

Lidia Cao fue la encargada de ejecutar la obra, tarea que le llevó unos cinco días, aunque no estuvo ajena a algún que otro disgusto. “Xusto antes de acabar, faltábame unha horiña, apareceu pintado a rodillazos con pintura; é unha temática moi neutra así que estrañoume porque nunca me pasara e fáiseme raro que me pase xusto cando fago un deseño que non é meu”, confiesa Cao.

Respeto 
A pesar de que hay eventos como el Rexenera Fest de Carballo o el DesOrdes que amparan y promueven el arte urbano, todavía existen connotaciones negativas hacia él por parte de la sociedad en general. “A min sempre me din que son grafiteira e non, nunca os fixen. Para moita xente é o mesmo e non ten nada que ver”, indica Lidia Cao, que también aclara que el grafiti no tiene nada de malo, solo que es diferente.

“Na Coruña temos os elementos necesarios para convertirnos nunha cidade coa arte por bandeira e deixar atrás o triste gris do formigón. Por unha banda temos unha gran canteira de artistas e talento local e, por outra, moitos muros e zonas que precisan que as reinterpreten e as iluminen con novas ideas”, añade Pisón.

Muros diferentes 
El pasado mes de junio, el Paseo Marítimo sumó también un nuevo vecino, un pez gigante y colorido, creado por el artista local Sekane.

Este y Neoleo fueron los autores del famoso mural de San Pedro de Mezonzo, bajo el puente que da acceso a Alfonso Molina, donde inmortalizaron a varios vecinos de la zona. El colorido paisaje marinero de la calle de Montroig 2 (en su confluencia con la vía de Orillamar), el canto a la igualdad que se plasma en el muro del colegio San Francisco Javier o el nuevo aspecto que lucen las escaleras de la calle Disciplina desde el pasado diciembre son otros ejemplos de cómo el arte urbano crea entornos.

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