martes 29/9/20

La ampliación de los almacenes de Artillería y la reforma del cuartel de San Andrés

En el siglo XVII, en los años 1723 y 1724, se trataron en el Ayuntamiento los necesarios trabajos de rehabilitación de estas dos instalaciones de la ciudad de A Coruña, que presentaban según los técnicos tanto problemas de espacio como derivados del desgaste de los materiales con los que estaban construidos 
La Real Maestranza de Artillería, hoy sede del Rectorado universitario de A Coruña.
La Real Maestranza de Artillería, hoy sede del Rectorado universitario de A Coruña.

El 15 de noviembre de 1723 se trata la ampliación de los almacenes de la Artillería, en que Pedro de Castilla, abogado de los Reales concejos, alcalde mayor y Justicia ordinaria en la ciudad, indica haber recibido una carta de Rodrigo Caballero, intendente general de este reino, para esta “Muy Noble y Leal Ciudad”, en la  que señala entre otras cosas lo siguiente: 

“Que para la necesaria reedificación de los almacenes de la Artillería de esta plaza es preciso para su ampliación tomar algún sitio de las casas de ayuntamiento, para resolver este asunto y otras cosas del real servicio de la causa pública, es indispensable dejar que se forme ciudad y atendiendo a que solo se halla en ella un señor capitular que es José Lorenzo de Castro y los demás en sus aldeas y cuentas, mandé y mando se forme despacho con impresión de dicha carta para que el escribano que fuere nombrado pase a notificarles bajo pena de 50 ducados a cada uno, aplicados a disposición del señor Intendente y contra protesta de los daños y perjuicios que se procedan según al real servicio, el día sábado, que se convocarán el veinte de este mes. Concurran a esta ciudad y sus casas consistoriales a las ocho de la mañana para el efecto expresado”.

La sesión señalada se lleva a cabo al  juntarse el concejo con fecha del 28 de noviembre y no en la del aviso, para debatir lo indicado en la carta, en segunda convocatoria, dado que el Ayuntamiento ocupaba parte de las casas que se hallaban situadas entre el jardín que hoy ocupa en la plaza de Azcárraga y las casas que dan a la espalda a este, llegando el edificio hasta la calle de Damas. 

La otra parte estaba ocupada por los almacenes de la Artillería y un cuerpo de guardia, así como los almacenes del concejo. 

Años más tarde, al ser abandonado este consistorio por caer en la ruina sus casas, pasaron los restos del inmueble a albergar solamente los almacenes de la Artillería y su cuerpo de guardia o retén como se le conocía, ocupando la ciudad un solar situado también en la misma plaza, cuyo lateral daba a la plaza de Palacio, donde estaba la Real Audiencia.

Cuartel de San Andrés
El 23 de febrero de 1724 Francisco Montaigú reconoció el mal estado del cuartel de San Andrés de esta ciudad, donde está el primer batallón de Granada expuesto a que algún temporal recio de aire arruine algunas compañías dando en tierra el edificio. Como la ciudad goza de arbitrio concedido a fin de tener buenos cuarteles para las tropas, dispondrá de providencia para reparar el de la calle de San Andrés.

Pasando la orden del intendente, Rodrigo Caballero, para visitar el cuartel de San Andrés donde está el primer batallón del Regimiento de Granada, hecho su reconocimiento, se señala que necesita las reparaciones siguientes. La muralla exterior de dicho cuartel es de muy mala calidad y peor la frontal, donde está la puerta, la cual hace barriga, hallándose en peligro de caer, necesita hacerla nueva y asimismo una parte de la que mira a la calle de San Andrés hasta una puerta antigua que va tapada para con este reparo quitar el batallón del peligro de perderse.

La muralla interior que corresponde a la última que se ha dicho, que se halla a la derecha de la entrada, donde estaban las compañías de granaderos y la del teniente coronel, está también para caer, necesita hacerla nueva del todo. 

La cocina que se halla en el patio no tiene chimenea, lo que ocasiona que el humo se reparta por todo el cuartel en perjuicio de los soldados y vestuarios. Necesita que se haga una grande, correspondiente al servicio de un batallón. 

En los pisos del segundo alto hay diversas vigas podridas que se han reconocido y otras que por ser negras de humo no se puede juzgar de lo que son. Ppara una justa averiguación, se reconocerá por un carpintero con el martillo y las que no fueren de servicio se pondrán nuevas para que queden dichos pisos capaces de llevar el peso de tanta gente. 

El tejado necesita de la misma diligencia para la madera y retejarse todo con tejas puestas con cal. Todos los pisos de abajo están maltrechos, se repararán para que queden iguales las paredes viejas que están gastadas hallándose también en mal orden, se embocarán  con mezcla donde fuere necesario, para la unión de las piedras y conservación de dichas paredes. Las ventanas que tiene este cuartel están por la mayor parte tapadas menos unos pequeños agujeros para dar un poco de luz, lo que le quita el aire a los cuartos que lo necesitan tanto para ver en ellos como ventilarlos y quitar el mal olor, lo que se puede lograr destapando las ventanas y poniéndolas de madera como siempre se acostumbra para abrir y cerrar cuando conviene. 

Inmundicias
Las inmundicias del cuartel no tienen salida, por eso se detienen arrimadas a la muralla por afuera de la parte del Orzán, cuyas arenas le tapan la salida. Para quitar el mal aire de ellas y darles salida al mar conviene hacerles una fosa con un canal ancho y cubierto desde dicho cuartel hasta el Orzán introduciendo en ella alguna porción de agua de la fuente de San Andrés para limpiarlo. Es cuanto pude informar sobre este asunto para que mande lo que fuere servido, dice el ingeniero Francisco Montaigú. 

El excelentísimo capitán general Marqués de Caylús señala: “Paso con la representación que ha hecho el caballero Ingeniero en jefe, coronel Francisco Montaigú sobre la necesidad grave de reparos que tiene el cuartel de San Andrés y aunque hice el encargo a los caballeros regidores Antonio Torrero y Pedro Pardo, para que lo hicieren apuntalar y lo han ejecutado puntualmente, sobre lo principal, conviene se sirva acordar la más pronta y efectiva providencia para esta obra avisándome Juan Rodrigo Caballero, intendente del Reino de Galicia”.

Comentarios