martes 19.11.2019

Las altas expectativas económicas de los arrendadores condenan a un abandono de años a decenas de locales

Los expertos dicen que en el centro hay quien no quiere adaptarse a la nueva situación del mercado inmobiliario
Los coruñeses se topan a diario con muchos bienes inmuebles que quedaron abandonados sin razón aparente cuando se marcharon sus últimos inquilinos. Es el caso del antiguo McDonald’s de la calle Real, la sombrerería Dandy o el Opencor de la ronda de Outeiro | quintana
Los coruñeses se topan a diario con muchos bienes inmuebles que quedaron abandonados sin razón aparente cuando se marcharon sus últimos inquilinos. Es el caso del antiguo McDonald’s de la calle Real, la sombrerería Dandy o el Opencor de la ronda de Outeiro | quintana

Un gran número de locales comerciales de los barrios más céntricos de la ciudad se van vaciando y llenando de manera inmediata dado que son zonas en las que existe una gran rotación pero, curiosamente, muchos bajos comerciales llevan años condenados al abandono. El sector inmobiliario vincula esta situación sobre todo a las demandas económicas de los propietarios, que no han readaptado los precios a la situación actual del mercado y a la contención del consumo. En el caso de la periferia, los expertos entienden que no existe demanda para reabrir.

Los bajos comerciales de la ciudad que eran un referente y que siguen cerrados años después de la despedida de sus últimos inquilinos se cuentan por decenas en la ciudad. Si bien es cierto que, como destacan en algunas ocasiones tanto comerciantes como hosteleros, en el centro hay mucha rotación de arrendadores, tanto en esas zonas de referencia como en los barrios hay espacios que quedaron totalmente fuera del mercado inmobiliario. Ya fuese para la venta o el alquiler. 

Hace muchos años se produjeron el traslado del McDonald’s y la clausura del Springfield de la calle Real. Los Opencor de Juan Flórez y la ronda de Outeiro abandonaron su servicio 24 horas (el de Matogrande también bajó la persiana pero el local corrió otra suerte distinta) hace más de siete años y la sombrerería Dandy se despidió de los coruñeses en junio de 2012. Poco a poco también fueron cerrando negocios en el tramo final de la calle Barcelona, en Riazor, en Os Mallos, A Sardiñeira o, incluso, Palavea. 

Los espacios en su mayoría grandes o bien ubicados (incluso los que estaban en la periferia) no volvieron a entrar en la rueda de la rotación por causas múltiples. Sin señalar a propiedades concretas sino analizando la situación general de los bajos sin ocupar, la vicepresidenta del Colegio Oficial de Administradores de Fincas de Galicia, Carmela Lavandeira,  achaca el abandono “a que los dueños piden unas garantías que no se les dan o rentas muy altas y si no las bajan ahí les quedan”. 

Desde el punto de vista del colectivo, hay numerosos casos “en los que las expectativas económicas no van con el mercado sino que están al nivel de antes de la crisis”, que ya no se corresponden con la realidad actual de lo que se puede pagar. 

Lo dice tanto en el caso de las ventas como de los arrendamientos, por lo que si no se rebajan las cuotas quedarán más años de condena a la parálisis y, por tanto, sin sacarle rendimiento a las propiedades. 

Lavandeira puntualiza que, en los barrios más alejados del centro, pueden darse problemas vinculados con el precio pero si no hay salida es porque “no existe interés” por abrir en lugares en los que los comercios de toda la vida ya resisten a duras penas. También existe un tercer tipo de bienes “misteriosos” que no están en el mercado por motivos que pueden ser diversos como desencuentros entre herederos.

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