miércoles 21/10/20

Los dos acusados del homicidio de Orillamar se echan la culpa el uno al otro

Tan inconciliables resultan sus versiones que únicamente concuerdan en que compartieron piso con el cadáver de quien había sido su casero, al menos, por una noche.

la pareja, durante la primera sesiã³n del juicio, ayer, en la audiencia quintana
la pareja, durante la primera sesiã³n del juicio, ayer, en la audiencia quintana

Tan inconciliables resultan sus versiones que únicamente concuerdan en que compartieron piso con el cadáver de quien había sido su casero, al menos, por una noche. Por lo demás la pareja lusa sentada desde ayer en el banquillo de la Audiencia Provincial acusada de la muerte de un septuagenario en la vivienda de Orillamar que compartían no se pone de acuerdo ni en la fecha del crimen –a principios de octubre de 2011–, ni en los motivos ni, mucho menos, en la autoría.
El cuerpo del hombre apareció tumbado en su cama, semitapado con una colcha, y con las cervicales fracturadas, apenas una semana después de que los acusados hubieran pasado por el calabozo por una denuncia de él, que los culpaba de haberle atacado, amenazado y robado 50 euros de la pensión.
“El comportamiento de ella fue por estar detenida. Se pasó tres horas llorando en el calabozo, no paraba de repetir que era un hijo de puta y que lo iba a matar”, afirmó ayer el procesado, el primero en narrar al tribunal su versión de unos hechos que pueden mantenerlos a ambos recluidos durante casi 20 años.
Según ese relato, los problemas de convivencia comenzaron unas semanas después de que la víctima les cediera una habitación en su piso: “Ella me contó que él le propuso relaciones sexuales y ella no quiso. Entonces cambió, nos quería echar de la casa”. Desde entonces y hasta el hallazgo del cadáver, la Policía visitó dos veces la vivienda ante las denuncias del propietario, que insistía en que la pareja le robaba y lo tenía amenazado de muerte. La última, el 25 de septiembre, acabó con los huéspedes en prisión, y es una semana después cuando el acusado sitúa el crimen.
Según su declaración, la pareja regresó al piso a última hora de la tarde y él se adelantó. Vio a sui casero en su habitación y le pidió explicaciones por la denuncia. Mientras hablaban llegó su compañera, gritando: “Decía que no hablase con un hijo de puta, que lo iba a matar. Me metí en la habitación a fumar, con la ventana abierta, y ella se metió en el baño. Al ver que tardaba salí, y entonces la vi, encima de él, con las manos manchadas de sangre y escuchando si respiraba. Me dijo ‘ya lo jodí, ya lo maté’, y se me cayó el mundo encima”.

con una camisa
Si el acusado, treintañero, sostiene que su pareja le explicó después que había estrangulado al septuagenario con una camisa, ella niega su participación. “El último día que lo vi con vida fue el 2 de octubre”, rememoró, para luego ofrecer su reconstrucción de aquella semana.
Según relató, al día siguiente notó a su compañero “más nervioso de lo habitual” cuando llegó a casa después de hacer un recado. “Al día siguiente no quería salir de casa”, prosiguió, para explicar que allí permanecieron hasta el día 6.
Según su versión, la mañana del 6 salió de la casa para conseguir dinero, dado que tenía que viajar a Portugal ante las sospechas de que su madre había fallecido: “Aquella madrugada sonó el telefonillo. Me llamaron, me dijeron que mi madre había muerto en Portugal, que tenía que ir allí”.
Así justifica el viaje que emprendería al día siguiente, previo paso por la Cocina Económica, para obtener un billete. Antes de irse, señala la acusada, quiso pasar por la casa de Orillamar para despedirse, a pesar de los intentos de su compañero para impedírselo. Entró en la habitación y vio al hombre tendido boca arriba en la cama. “Le pregunté qué había pasado y me dijo que habían discutido, que le había dado un golpe en el pecho y se había caído. Dijo que le había dado un infarto y que solo lo había dejado en la cama”, aseguró.
La mujer, cuadragenaria, asegura que no fue hasta días más tarde cuando empezó a temer que las cosas no hubieran sido como su pareja le contaba, pero no se atrevió a denunciar, dice, por el miedo que le tenía. “Era agresivo, me había pegado palizas, me tenía paralizada”, se justificó, para a continuación dar un ejemplo: “Tenía celos (del fallecido). Decía que era mi amante, cuando no lo era. Era como un padre para mí”. n

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