sábado 26/9/20

El 26% de los usuarios que atiende la Cocina Económica se hayan en una situación de pobreza crónica

La red social de la ciudad recibe ahora a más gente que durante lo más años duros de la crisis
Cocina Económica lleva asistiendo al público en el Orzán desde 1886 | JAVIER ALBORÉS
Cocina Económica lleva asistiendo al público en el Orzán desde 1886 | JAVIER ALBORÉS

Cuando alguien se haya instalado en la precariedad, salir de ella puede resultar muy difícil. Las estadísticas de la Cocina Económica señalan que cerca del 26% de los usuarios a los que atienen en sus instalaciones de la calle Orzán se encuentran en una situación de pobreza crónica. Es decir, que llevan cinco años o más recurriendo a la ayuda de esta institución. El trabajador social Pablo Sánchez señala que el principal factor que les define es la dificultad en el acceso al trabajo.

Se trata de un fenómeno esencialmente masculino, como suele ser la marginalidad. La mayoría tienen edades comprendidas entre los 45 y 55 años y, según explica Sánchez, en su vida laboral figuran muchos trabajos temporales, separados en el tiempo . “Por esa discontinuidad en el empleo se descuelga y acaba aquí”, explica el trabajador social. Suelen ocupar en puestos de baja cualificación, En el caso de estos pobres crónicos, nunca habían conseguido un puesto de trabajo que les haya permitido acceder a algo más que unas condiciones de vida mínimas relacionadas con la vivienda lo que es uno de los factores que explican su dificultad en incorporarse a un mercado laboral cada vez más exigente.

“La cronificación es incomoda, pero es una realidad: hay mucha gente que se descolgó, las escasas posibilidades de retorno al mercado laboral”, explica Sánchez. Él, como todos los profesionales que ayudan a las personas en riesgo de exclusión social, destaca la importancia del empleo: “Cuando una persona no trabaja o ingresa un salario la única alternativa es vivir de prestaciones”.

De las 942 personas atendidas en 2019, (la cifra más alta del decenio), solo el 54% poseía algún recurso económico propio, normalmente en forma de subsidio, el 8% trabajaba en la economía sumergida y solo el 3% ganaba un salario.

La vivienda

Y por supuesto, está el problema de la vivienda, que se suma al del trabajo Porque si el mercado laboral resulta complicado, el inmobiliario no lo es menos. Por lo menos en A Coruña, según denuncia Sánchez: “Las personas que atendemos aquí coinciden en señalar lo complicado que es acceder a una vivienda normalizada”. Según él, “las dificultades son tantas y el mercado tiene exigencias así que aun personas con medios económicas y la voluntad de alquilar no pueden por las condiciones que exigen”.

Así que, además de los inevitables condicionantes personales (como adicciones y otros trastornos), los mercados tampoco ayudan a la reincorporación a la sociedad de los marginados. Este fenómeno, pero especialmente el de la inmigración, fuerzan la capacidad asistencial de la red social de A Coruña. “Estamos a niveles semejantes a 2013”, advierte el trabajador social.

Comentarios