Santiago Pérez se despide de Betanzos: “No se detengan en mirar lo que los curas hacen o dejan de hacer, sino en ayudar”

“Hemos compartido alegrías, esfuerzos y también dificultades, y en todo momento me he sentido acompañado y querido”, dice Santiago Pérez, que se despide de la ciudadanía tras doce años como cura en Betanzos. “Lo llevaré siempre conmigo, en el corazón y en la oración”, añade el sacerdote, que acaba de asumir su cargo en Cangas e Illas Cíes.
¿Cómo resumiría estos doce años que ha estado en Betanzos?
Estoy muy agradecido porque en ellos he vivido experiencias que no había tenido. Fui nombrado párroco de la Unidad Pastoral de Betanzos en un momento en el que la diócesis comenzaba a considerar la figura de las unidades pastorales, no solo por la escasez de sacerdotes, sino también para impulsar una mayor corresponsabilidad de los miembros de las parroquias.
Durante este tiempo he procurado llevar a la práctica lo que desde la diócesis se iba reflexionando: racionalizar el culto litúrgico y centralizarlo en el templo de Santo Domingo, dignificar las celebraciones, unificar la catequesis, dar un paso adelante en Cáritas y abrir caminos en otras actividades pastorales, como el aula de teología, que han tenido repercusión incluso en personas que no frecuentan la iglesia.
El aspecto cultural vino dado por la riqueza propia de Betanzos. Lo que aquí se ha podido programar y realizar, seguramente no habría sido posible en otro lugar, pero siempre entendido y vivido desde una dimensión pastoral.
¿Cuál cree que ha sido el éxito más importante de todos los alcanzados desde 2013?
Creo que en la vida de una parroquia no se puede hablar propiamente de éxitos, y menos de éxitos personales, porque todo lo que se hace es fruto de la acción de Dios y del trabajo compartido con la comunidad. Pero sí considero un verdadero regalo haber podido poner en marcha y consolidar la experiencia de la Unidad Pastoral en Betanzos. Ha sido una bendición poder vivir y acompañar este proceso que nos ha dado la oportunidad de comprender mejor la corresponsabilidad, a unir fuerzas y a caminar juntos como Iglesia.
¿Considera que le ha quedado pendiente alguna cuestión en la Unidad Pastoral de Betanzos?
Durante un tiempo, al estar solo, el trabajo con la juventud quedó bastante descuidado. En mis primeros años aún pudimos participar en peregrinaciones de pastoral juvenil, organizar convivencias y mantener un grupo de oración; pero poco a poco, al quedarme sin ayuda, tuvimos que dejar de lado esas iniciativas, incluso en lo referente a la catequesis de confirmación. Con la llegada de don Mateo, primero como vicario y ahora como uno de los párrocos, ese ámbito se retomó y está dando fruto, lo cual me alegra mucho.
También comenzamos, con la colaboración de algunos laicos, una reflexión sobre la reorganización de horarios, especialmente para que algunas parroquias que celebraban el sábado pudieran pasar al domingo, pero no llegamos a dar el paso.
Otra cuestión que me hubiera gustado afrontar es la de las instalaciones para actividades pastorales.
Tres sacerdotes para más de cuarenta parroquias parece complicado de llevar ¿Les ha dado algún consejo a sus sucesores?
Es verdad que puede parecer complicado. En realidad, ellos asumen directamente seis parroquias –con diez templos– pero sin dejar sus anteriores encomiendas y con el añadido de los estudios en Madrid. De ahí que el número total llegue a unas cuarenta, que ciertamente son muchas.
A mis sucesores no les he dado consejos porque no los necesitan. Don Mario es muy conocido, ya colaboraba mucho con mi antecesor y, antes incluso de saber que él sería mi sucesor, habíamos compartido reflexiones sobre dificultades y posibles soluciones, como el paso de algunas celebraciones del sábado al domingo. Es una persona muy preparada y muy querida en Betanzos. Don Mateo lleva ya dos años en la ciudad, conoce bien la realidad y tiene muy buenas iniciativas en el ámbito de la nueva evangelización y el primer anuncio. Al padre Daniel no lo conozco personalmente pero sus estudios en Roma hablan de una sólida preparación. Normalmente, cuando un sacerdote asume parroquias nuevas, pasa un año conociendo la realidad antes de tomar decisiones; en este caso no es necesario, porque ya la conocen y saben lo que conviene a Betanzos.
Sin embargo, sí que les ha dado algún consejo a los que han sido sus feligreses en Betanzos.
Que no se detengan en mirar lo que los sacerdotes hacen o dejan de hacer, sino que se ofrezcan, ayuden y aprovechen la presencia de estos tres pastores. Ese es el verdadero consejo: acercarse a ellos y decirles “cuenten conmigo”. Los sacerdotes lo necesitamos y los necesitamos.














