Los vándalos del siglo XXI

ser vándalo en el siglo V era algo normal. Bueno, y ser suevo o alano también, porque fue el tiempo que les tocó vivir. Los pobriños no sabían más que invadir territorios ajenos, andar a porrazos, pasar a cuchillo a todo quisque y mangar lo que tenían a bien; lo demás lo destruían, para que no sirviese para nadie. Aún no sabían qué era eso tan bonito de la diplomacia, la educación, los valores cívicos, la cortesía... Y qué decir del amor al prójimo. Seguro que no sabían lo que era el amor, como para saber lo que era el prójimo e importarles una figa. Ser vándalo en el siglo XXI es una vergüenza muy grande, porque a la mayoría de ellos sus papás los han mimado ―quizás excesivamente―, han dormido en una cama cómoda, han comido “petisuis” y nocilla, han ido al cole, al insti y probablemente seguirán otro tipo de estudios… ¿Qué necesidad tienen de hacer el vándalo? Papás, díganles a sus vándalos que sus vandalidades las pagamos todos. Ellos también; de algún presupuesto se lo sacarán. FOTO: fuente de los jardines de méndez núñez de a coruña | pedro puig

Los vándalos del siglo XXI

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