El título se fue volando

FOTO: el ministro iceta en un acto de la memoria histórica | foto: aec

Juan de la Cierva es, sin duda, uno de los inventores más importantes de todos los tiempos. Por su buen hacer le dieron el considerado Premio Nobel de la ingeniería, la medalla de oro Guggenheim, que recogió en Chicago en 1932. Además de ese y otros muchos premios profesionales, la monarquía lo nombró Caballero de la Orden Civil de Alfonso XII; los republicanos le impusieron la Banda de Caballero de la Orden de la República y el dictador le concedió el Condado de la Cierva. Todos esos premios y condecoraciones son personales; ninguno es hereditario, excepto el condado, y todos ellos los conserva..., excepto el condado. Dejando claro que no somos en absoluto partidarios de títulos hereditarios –los honores hay que ganárselos— tampoco nos parece justo que al inventor del autogiro –precursor del helicóptero, ahí es nada— le quiten una distinción por tocarle vivir en una dictadura y que se la otorgara un dictador; no por estar de acuerdo con él ni apoyarle, sino por su trabajo como ingeniero. A veces nos quedamos cortos, pero otras nos pasamos un poquito de más.  

El título se fue volando

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