¡Socorro, que nos invaden!

Una persona refrescándose | aec

Que el cambio climático ha llegado para quedarse es más que evidente. Pruebas tenemos para dar y tomar: los lechos de los embalses cuarteados como pergaminos medievales, los montes convertidos en bombas incendiarias de pura yesca, se nos derriten los polos geográficos, los de comer, los glaciares y el hielo de la nevera de la playa ya no nos dura ni media mañana. Hoy mismo, en varios lugares de España llegaron a los 45 grados. Pobriños ellos. A veces hasta nos da cargo de conciencia tener la suerte de vivir aquí, en este paraíso terrenal del norte del noroeste peninsular, o sea, en A Coruña y aledaños. Ahora mismo estamos tan ricamente a media tarde a 24 graditos, con una brisilla súper deliciosa que nos permitirá irnos a tomar unas cañitas por la noche sin morirnos de frío ni sudar a la gota gorda. Ah, y lo más importante, dormir con la sabanita. Seamos un poco egoístas y no se lo contemos a nadie… ¡que nos invaden!

¡Socorro, que nos invaden!

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