La parte más brutal de la guerra ya asoma

Refugiados asilados en Polonia | EP

Las imágenes del bombardeo realizado por las tropas rusas contra la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, la más grande de Europa, ponen los pelos de punta. Y no porque ese ataque hubiera provocado muchas víctimas sino por la insensatez de quien está dispuesto a provocar un desastre nuclear de proporciones épicas por hacerse con el control energético del país que pretenden anexionarse. Ese es el temperamento de Putin y sus generales, a quienes parece que les importa poco provocar un nuevo Chernobil, tal y como hicieron en tiempos de su añorada URSS. Y, mientras tanto, el drama continúa. En Ucrania, con las víctimas que se cuentan por centenares, y en las fronteras, con el más de un millón de almas que buscan escapar del terror y de los abusos que empiezan a conocerse que cometen las tropas rusas. Se habla de violaciones y asesinatos y ese es un discurso muy creíble en el lenguaje que se habla en las guerras. Como también es creíble que mercenarios contratados por Putin pretendieran asesinar tres veces al presidente ucraniano la semana pasada.

La parte más brutal de la guerra ya asoma

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