La paradoja legal de los secesionistas catalanes

Pere Aragonés | aec
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Anda estos días Pablo Casado en el ojo del huracán. Que si dice un “¡Coño!” lo acusan de mal hablado, por mucho que lo hiciera parafraseando a Pedro Sánchez. Que un presidente autonómico decide convocar elecciones, lo acusan de estar detrás. Que afirma que los niños catalanes no pueden ir a hacer pis si no lo piden en Catalán, pues va la Generalitat y se querella contra él. Lo que no queda muy claro es si Aragonés y los suyos lo hacen por mentir o si la razón, en el fondo, es porque Casado pretende que los niños catalanes puedan pedir ir al baño en perfecto castellano. Y, de este modo, estamos ante la paradoja de que los delincuentes que se niegan a aplicar una sentencia (y que ni tan siquiera condenan a quien propone apedrear a un niño de cinco años), pretenden aprovecharse de la ley para denunciar a alguien, sea Casado o Perico de los Palotes. Maldita esquizofrenia secesionista.

La paradoja legal de los secesionistas catalanes