cuando un político no sabe cuando es el momento de irse acaba por fracasar. Ahí está Pedro Sánchez que hace un adelanto electoral para poder aferrarse al poder, aunque eso pueda pasarle factura a nivel político al PSOE. Le da igual. Radicaliza su discurso anunciando a bombo y platillo que “viene el lobo”, refiriéndose a Vox, cuando el partido ultraderechista no paró de crecer bajo su Gobierno. Es decir, pasó de 0 a 52 disputados. Vamos, que poco más se puede decir. Cierto es que el que haya elecciones el 23 de julio ha sido muy meditado, ya que el dirigente socialista tendrá más visibilidad por la presidencia europea española, a lo que querrá sacarle más partido. Su equipo también puso toda la maquina a funcionar y sacó a todos sus intelectuales afines, por aquello de que la derecha es la alternativa al sanchismo. Vamos, que el secretario general de los socialistas españoles está dispuesto a echar el resto y confiar en que la izquierda, separatistas y Bildu incluido, pueda darle la aritmética suficiente para seguir en La Moncloa. Lo contrario es irse y volver a la carretera.
