Era visto. La plantilla de Navantia le ha dado calabazas a la propuesta de plan industrial y convenio colectivo planteada por la empresa. Por cada trabajador que se conforma con la oferta ha habido dos que la han rechazado. Estaba cantado. Los trabajadores del naval, cada vez menos, están acostumbrados a resistir, a poner pie en pared ante cualquier intento de recorte. Están curtidos. Poco les importan las amenazas, las presiones o la certeza de que esta decisión va a suponer un retraso, ya veremos de cuánto. No hace falta ser el oráculo de Delfos para adivinar que se vienen nuevas y duras movilizaciones.
