Mandar o ser mandado...

Centro de trabajo | EFE

Dando por sentado que en esta vida todo es relativo, no hay bien ni mal que cien años dure, todo depende del color del cristal con que se mire, etc., etc., etc., ¿ustedes qué preferirían, mandar o ser mandados? A ver, si fuera mandar como los reyes de los cuentos que abrían el pico y todos se desvivían por obedecerle a riesgo de perder sus cabezas, vale, así sí que mola. Pero si eres un mandarín que tienes que saber (presuntamente) más que tus mandados, no cabrearlos (por si te denuncian y eso), tomar decisiones súper importantes (y acertar), pasar la noche en vela pensando en la cuenta de resultados… Uff…, eso ya no mola tanto. Lo de ser mandado tampoco es moco de pavo. Si uno es de carácter fuerte, se cree más listo que el jefe y tal y cual Pascual, la cosa es chunga, porque sufrirá a horrores cada minuto del día. Si es conformista, estupendo, hace lo que le dicen y no se complica más la vida. Más cómodo y relajado sí que es, desde luego. Escojan, señores.

Mandar o ser mandado...

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