Las leyendas no saben de retiradas

Rafa Nadal, tras conseguir su Roland Garros número 14 | EFE

No hay nada imposible para una leyenda del deporte. Ni las lesiones, ni la edad, ni las estadísticas. Porque es un ser superior que camina entre nosotros fingiendo ser mortal cuando en realidad tiene más de divino que de humano. A lo mejor por eso, porque sabemos de su grandeza, nos empeñamos en su caída. Y nos sale la envidia a borbotones por la boca y auguramos que ese triunfo será el último y que esa lesión será la definitiva. Y a la leyenda no le queda más remedio que callarnos a base de éxito. De tanto como le han dado por muerto –deportivamente hablando–, Rafa Nadal se ha convertido en una suerte de nuevo Cid Campeador que rinde legiones a sus pies a base de lecciones de tenis y de vida. Ni siquiera cuando suelte la raqueta lo suyo será una retirada; seguirá siendo el deportista con el que se rompió el molde y al que el resto aspira a parecerse. Solo un poco.

Las leyendas no saben de retiradas

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