La gaviota invisible

INCREÍBLE, pero cierto. En esta ciudad hay una gaviota  –su cadáver, para ser precisos– invisible. Bueno “casi” invisible, porque, quien escribe –que debe de tener poderes sobrenaturales–, la ve perfectísimamente. No sé si habrá más superdotados como yo en nuestra amada urbe ―que seguro que sí, porque no solo vamos a ser guapos―, pero en el Concello y empresas colaboradoras no debe de haber ni uno. Lo siento, señores aludidos, pero son ustedes unos mortales comunes y corrientes, no tienen nada de superdotados. ¿Por qué digo esto? Pues miren, que yo recuerde, la primera vez que me fijé en la pobre difuntiña, allí zapateada al lado del bordillo del viaducto de Alfonso Molina (carril izquierdo), fue hace siete días y ayer  todavía estaba de cuerpo presente. A ver, que puede ser que cada día haya una nueva, pero no creo. Pues eso, que como está justo al lado del bordillo, no se la han ido llevando las ruedas de los coches y sigue enterita. Eso sí, ahora ya no estará sola, estará acompañada de moscas y gusanitos, que siempre se prestan a colaborar en estos casos. Animalitos.

La gaviota invisible

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