Ya estamos curados de espantos

Foto: Javier Alborés

Últimamente pasan tantas desgracias en el mundo que ya estamos curados de espantos. Bueno, no es que ahora pasen más desgracias que antes, pero es que ahora nos enteramos de absolutamente todas casi, casi en el preciso momento en el que ocurren. Estar informados es bueno, pero a veces nos sentimos tan apabullados que hasta pasamos de interesarnos por otra cosa que no sean nuestros propios asuntos. ¿A que ahora ya pasamos rápidamente la página de la guerra en Ucrania? ¿A que ya no nos duele leer cuántos niños se mueren de hambre en el mundo? ¿A que ya nos importa un pimiento que haya inundaciones en la Cochimbamba y mueran miles de personas? Tenemos tanto callo, que incluso podemos estar tomando el sol relajadamente en la playa o charlando animadamente con nuestros amigos mientras a unos metros yace el cadáver de un señor tapado con una sábana. Será por eso de que ojos que no ven ―porque lo impide la sábana―, corazón que no siente. Lo dicho, estamos curados de espantos. Cuando no nos toca a nosotros, claro, que en ese caso hasta una espinilla nos produce hondo pesar.

Ya estamos curados de espantos

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