Será que vamos cumpliendo años y la piel se nos endurece. O que nuestra memoria interesada siempre nos hace salir ganando en la comparativa con las nuevas generaciones. La cuestión es que lejos de empatizar con esta nueva remesa de chavales que se creen especiales por terminar la anteriormente conocida como Selectividad, lo que nos sale es mirarlos con una mezcla de indiferencia y superioridad mientras pensamos cuánto más maduros y realistas éramos nosotros. Para empezar, porque no nos creíamos personajes de una de esas series de adolescentes traumatizados con su propia existencia que viven en un mundo de drogas, sexo y padres ausentes. Y, hablando de padres, los nuestros tampoco seguían ciegamente las enseñanzas de coaches de internet sobre cómo gestionar las emociones. Afortunadamente. Igual por eso sabíamos que no éramos héroes por hacer un examen que miles habían hecho antes. No saben lo que les espera. Criaturitas.
