Cuando no se sabe a cuál elegir

La final de Wimbledon que se disputó ayer era para muchos uno de esos partidos en los que querrían que perdiesen los dos. Elegir entre Djokovic y Kyrgios es como elegir que te corten un brazo o que te corten una pierna, no hay respuesta buena. Una lástima por el público del All England Lawn Tennis Club, que, a falta de héroe, tuvo que posicionarse con uno de estos dos villanos, aunque solo fuera por hacer la tarde más entretenida. Aunque del espectáculo, como era de esperar, se encargó el australiano, que tiene que seguir alimentando su personaje; no vaya a ser que dejen de hablar de él. Increpó a la grada, desató su monstruo interior y hasta le echó un rapapolvo a su equipo, al que le recriminó que no le animase cuando las cosas se le ponían cuesta arriba. Mientras, el mártir serbio de las vacunas se dedicó a dejar que fuese otro el repelente y se centró en ganar el partido. Ya está a un solo  título de Grand Slam de los 22 de Rafa Nadal. Pues qué bien.

Cuando no se sabe a cuál elegir

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