Cobrar el doble de nada

es lícito y hasta lógico que el que tenga un local para alquilar quiera sacarle el mayor rendimiento posible y pida por él lo que le venga en gana, que para eso es suyo. También es muy cierto que la avaricia rompe el saco y quizás por eso se ven en toda la ciudad tantos locales cerrados, cubiertos de pintadas y ―si tienen hueco― llenos de suciedad o incluso okupas durmiendo en ellos. Puede que hace… 10 o 15 años ―tal vez más―, ese maravilloso local suyo fuese objeto de deseo por ser singular o estar situado en una zona por donde pasaba mucha gente que iba a comprar o “a ver escaparates” mientras paseaba. Hoy las costumbres han cambiado. Se compra por Internet o en los centros comerciales y se va a pasear al Paseo Marítimo. Las calles, cada vez con más locales tapiados, ya no son atractivas; por alguna hasta da miedito pasar. ¿No será mejor cobrar la mitad que ganar el doble de nada? Volvamos a hacer de nuestras calles centros comerciales al aire libre, señores alquiladores, que dan mucha vida a la ciudad.

Cobrar el doble de nada

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