El extractivismo del litio para fabricar baterías para coches eléctricos está abriendo “heridas” graves en ecosistemas frágiles y supone además un consumo enorme de agua para la obtención del recurso, incluso en el desierto, advierten los expertos, mientras que desde Europa se presiona para intensificar esa minería con el argumento de la sostenibilidad. Para conseguir una tonelada de carbonato de litio, según estimaciones de los expertos, se necesitan unos dos millones de litros de agua, aunque puede llegarse a cinco millones en ciertos casos, dependiendo del grado de concentración y la técnica utilizada. Pese al impacto socioambiental del extractivismo a gran escala de recursos naturales críticos, en la senda de la transición energética verde mundial el Tribunal de Cuentas Europeo acaba de publicar un informe donde advierte de que Europa puede perder la carrera como potencia de baterías eléctricas si se queda rezagada porque “el acceso a las materias primas es todavía un obstáculo importante”.
