Lunes 20.05.2019

La gran apertura de la ciudad que conserva más puertas medievales de toda Galicia

El inicio de los actos del 800 aniversario del traslado de Tiobre a Untia puso de manifiesto una de las joyas del casco viejo: sus murallas.

Betanzos abrió esta semana la agenda de actos organizados con motivo del octavo centenario de su establecimiento en el Castro de Untia. Todos los intervinientes en la ceremonia de apertura, desde el presidente de la Xunta al delegado del Gobierno en Galicia, pasando por los responsables de la Diputación de A Coruña y el Ayuntamiento de Betanzos,  incidieron en sus discursos en la importancia de la muralla que, desde el mismo momento del traslado, marcó la historia de la villa y el devenir de sus habitantes, cuyo carácter obstinado trasciende el territorio de As Mariñas. 

La muralla, de la que apenas se pueden observar unos doscientos metros “seguidos” en la calle de O Valdoncel, siempre ha estado envuelta en misterio, precisamente porque son pocos los puntos que se mantienen al descubierto, además de los cuatro arcos de entrada que la convierten en la ciudad que conserva más puertas medievales de Galicia. 

En cualquier caso, el mito se conserva en cada detalle, en cada inmueble y en cada pared del entorno monumental en que asoma la “cerca” –a la que se “adosan” viviendas y sobre la que se configuran patios y huertos– o sus albarranas y almenas, como las que aún existen en calles como A Fonte de Unta y As Monxas. 

Porque, si bien las puertas son los únicos elementos apreciables para el visitante, lo cierto es que las une un entramado de piedra irregular y pizarra que, tantos siglos después de construcción, sigue actuando como cómplice de la urbe medieval y su trazado de altas torres, palacios señoriales y calles empinadas, y sigue descubriendo los enigmas de la vida de los siglos XIII y XIV.

Arcos
Respecto a los arcos, los vecinos han aprendido, y se han acostumbrado, a convivir con ellos sin apenas darse cuenta de que ellos, e incluso sus coches, atraviesan muros construidos en el siglo XIV. Entran y salen una y mil veces cada día, sin paradas ni consideraciones

especiales, sin advertir que hubo un tiempo en que el cierre de las puertas provocó protestas y hasta movilizaciones, sobre todo, desde aquellos sectores que, viéndose obligados a desarrollar sus tareas más allá de los puentes, en los campos, las huertas de los alrededores, tenían que pasar la noche fuera de casa al toparse con una ciudad cerrada a cal y canto al regreso de una dura jornada en época de siembra o recolección, a orillas de los ríos Mandeo o Mendo.
Hace solo dos siglos, en la primera mitad del XIX, una petición popular, elevada a pleno por sus representantes, proponía las diez de la noche como la hora más adecuada para cerrar y así posibilitar la entrada de agricultores, carros y ganado, alcanzando el acuerdo definitivo un 10 de enero de 1840. Todo un avance en el proceso de modernización de Betanzos.

De A Porta da Vila, el principal acceso al casco histórico demolida en 1865, solo se conservan los tres escudos que la coronaban, adosados a uno de los muros de una vivienda durante el ensanche de la ciudad, en los primeros años del siglo XX. Según recogen varios documentos, esta puerta contaba con dos torreones almenados a cada lado de los blasones que, de acuerdo con las consideraciones de distintos historiadores, se colocaron para evocar la concesión a Betanzos del título de ciudad, en 1465, por parte de Enrique IV de Trastámara.

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