viernes 27/11/20

Dos encapuchados atracan una cervecería de Carral y se llevan más de 800 euros

La cervecería A Boa Cervexa de Carral sufrió a primera hora de ayer un robo a manos de dos hombres encapuchados que, armados con un martillo, destrozaron la máquina tragaperras e increparon a una camarera

Los ladrones lograron abrir la máquina de juego | aec / javier alborés
Los ladrones lograron abrir la máquina de juego | aec / javier alborés

La cervecería A Boa Cervexa de Carral sufrió a primera hora de ayer un robo a manos de dos hombres encapuchados que, armados con un martillo, destrozaron la máquina tragaperras e increparon a una camarera, que se encontraba sola en el local, para que les entregase la recaudación de la caja, que contenía 800 euros.


“En ese momento, sobre las 07.30 horas, me encontraba sola. Una señora acababa de salir después de tomar un café y yo me fijé en un coche que aparcó frente al bar, pero en sentido diferente a todos los demás. Mi coche estaba al lado y yo estaba pendiente, porque el copiloto se bajó y le dio un pequeño golpe, además de que el conductor miraba mucho para el local”, explica C.M.F., que detalla que, en cuestión de segundos, los dos hombres se plantaron en la cervecería encapuchados y con “bragas oscuras” que les tapaban hasta los ojos.

La empleada sostiene que ambos atracadores hablaban gallego “y con acento cerrado, de aquí”, pero ninguno se acercó a ella. “Uno se quedó en la puerta y el otro se fue a la tragaperras. Le dio dos golpes con el martillo y la abrió, pero no sé cuánto tenía dentro. Yo les di lo que había en la caja, unos 800 euros, pero no me hicieron nada, menos mal”, dice la joven, a la que nunca le había pasado “nada parecido” en su trayectoria profesional en la hostelería.

Residentes en Galicia
C.M.F. alega que no hay testigos del suceso, pero revela que los ladrones eran gallegos y de entre 20 y 25 años, aproximadamente. Dado que las capuchas con que se tapaban “hacían algo de vuelo”, pudo comprobar que uno de ellos era rubio y el otro moreno. “Portaban un martillo largo, más o menos como un brazo, que por un lado tenía una pata de cabra”.

En cuanto se marcharon con el botín llegó uno de los habituales clientes del bar, que encontró a la joven llorando tras el robo. “Me tranquilizó y llamamos a la Guardia Civil y al encargado, pasé mucho miedo”, indica la trabajadora de la cervecería.

Aunque no hubo que lamentar daños personales, la empresa propietaria de la tragaperras la retiró ayer mismo del local para proceder a su reparación. Desde el establecimiento señalan que la caja en ese momento contaba con alrededor de 800 euros, dinero que iban a utilizar para pagar a algunos proveedores a lo largo de la jornada. El propietario del local ya ha interpuesto la pertinente denuncia.

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