jueves 14.11.2019

Los betanceiros tocaron el cielo al “volar” el número 135 del Globo de San Roque

Miles de personas, unas 50.000 a la espera de cifras oficiales, se desplazaron este viernes hasta la capital brigantina para asistir al  que algunos consideran el espectáculo “máis grande do mundo”: la elevación del Globo de San Roque.

betanzos -  globo 2013
betanzos - globo 2013

Miles de personas, unas 50.000 a la espera de cifras oficiales, se desplazaron este viernes hasta la capital brigantina para asistir al  que algunos consideran el espectáculo “máis grande do mundo”: la elevación del Globo de San Roque. Así, acabada la plegaria y mientras una multitud expectante se agolpaba fuera, el gigante de papel, plegado a lo ancho sobre sus dieciséis cuarterones y extendido a lo largo, del “periquito” a la “boca”, enfiló las escaleras de Santo Domingo.
Una bomba de palenque anunciaba que, por fin, el invento de Pita Pandelo estaba en la plaza de García Irmáns. Para entonces, los betanceiros ya tenían los pelos de punta y lágrimas en los ojos y, con inusitada convicción, esa de la que presumen desde hace más de un siglo, recordaron el diálogo entre Jaime Pita Otero y los dibujantes: “¿Y si no sube?”, preguntaron preocupados los artistas a finales de los 60. “¡Vaya si sube!”, respondió Pita. En la calle, desde las galerías... pero también desde Buenos Aires, Sidney o Berlín, miles de brigantinos miraron al cielo con el nerviosismo de cada año ignorando los comentarios de los visitantes que, también como cada año, insisten en que “es siempre lo mismo” mientras, por incoherente que pueda resultar, no apartan la vista de la emblemática Torre de Santo Domingo,

Éxito
La singularidad del evento, la incertidumbre del no saber qué sucederá y una sobredosis de sentimentalismo son las claves del éxito planetario del Globo de San Roque. Él, que mide casi veintinco metros de años y cincuenta de circunferencia, se inclina, engorda, adelgaza... los brigantinos sudan y los visitantes alucinan convencidos de que está a punto de salir de O Campo. Pero aún le quedan “pachuzos” y “chorizos” por quemar y el baile coqueto que siempre dedica, presumido y altanero, a Betanzos y al Abuelo Claudino. Este año, además, también a quien durante cincuenta años lo liberó de su atadura para volar sobre los tejados de las casas y en  los pensamientos de miles de nacidos en la capital histórica de As Mariñas.
“Ahora sí... Sube!”, se oye a las 12.18 horas exactamente. Entonces, el secreto mejor guardado de las fiestas betanceiras, los chistes que los dibujantes locales han plasmado en cada uno de los cuarterones, se reveló ante más de 50.000 almas y bajo la supervisión de medio centenar de colaboradores dirigidos, desde abajo y desde la torre, por la Familia Pita. Por primera vez en la historia, una mujer participaba en estas tareas. Entre los motivos de esta edición, la crisis económica, los “sobres” y la política municipal, que se mezclaron con un lazo negro “in memoriam” por las víctimas del accidente ferroviario de Angrois.
Miles de cámaras (una de ellas aérea, que siguió al aerostato) y de teléfonos móviles, e incluso algún puntero reflectante, se dirigen al mismo punto y, sin querer, se rinden a la tradición de un globo hecho construido con papel y pegado con engrudo de harina de centeno que, como nada, tiene la capacidad de unir en la misma noche a todo Betanzos.  Los betanceiros tocan el cielo. Ovación prolongada. Así es Betanzos.

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