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A Coruña

El robo de dos Rubens que permitió nacer al nuevo Museo de Belas Artes

Óscar Ulla
15/09/2025 06:19
Museo de Belas Artes de A Coruña
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La mirada general de la sociedad sabe de la importancia de los museos, pero a veces los ven con un halo de cierto aburrimiento. Pero la historia del Museo de Belas Artes de A Coruña daría para una thriller de Netflix con varias temporadas, a cada cual más surrealista. Porque no solo en el Louvre se dan robos de película.

La historia del Museo de Belas Artes se remonta a finales del siglo XIX, pero no fue hasta la primera mitad del siglo XX que empezó a ser un ente propio, sin sede fija, aunque instalado hasta el último tramo de siglo en el edificio que hoy acoge la Academia Galega de Belas Artes. Pero fue un robo el que hizo patente la necesidad de contar con un edificio propio y nuevo y el que facilitó dicha creación.

Una oportunidad

Un 16 de septiembre de hace 40 años, un individuo entró en una de las salas que acogía las obras de Belas Artes y se llevó dos tablas pintadas por Pedro Pablo Rubens y legadas a finales del XIX a la entidad: ‘Psique’ (o ‘La aurora’) y ‘Dédalo y el Minotauro’. El edificio apenas contaba con seguridad, así que dicho individuo pudo entrar como un mero visitante sin levantar sospechas, descolgar ambas tablas y esconderlas bajo su chaqueta.

No dejó ningún tipo de prueba que pudiera ayudar a la Policía a localizarlo. Tanto fue así, que el robo ni siquiera trascendió hasta semanas después. “Se tardó en decir también para intentar seguir la pista”, recuerda Manuel Mosquera, técnico del departamento de Difusión y Acción Cultural del museo, que aunque en el año 85 estaba todavía estudiando, llegó a la entidad antes del cambio de sede.

Mosquera recuerda que el 85 “fue un momento en el que en España, en general, había muchos robos de arte”. Pero este, en concreto, dentro de lo malo, aceleró el proceso para crear el actual edificio que alberga el museo (obra de Manuel Gallego Jorreto), que se inauguró finalmente en el año 1995.

“El robo activa el nuevo edificio”, recuerda Mosquera, que asegura que “desde el 85, el cambio es espectacular, en instalaciones, se crearon plazas, personal estable, actividades...”, rememora, añadiendo que el espacio previo se quedaba muy pequeño, ya que apenas había lugares para almacenar obras y las condiciones no eran las propicias para albergar pinturas y conservarlas en un estado óptimo.

Y es que el robo de los dos Rubens coincidió con una época en la que el Ministerio de Cultura activó un plan para crear o potenciar museos en diferentes ciudades españolas, al tiempo que se planeaba ampliar otros como el Prado, en Madrid. “Si no hubiesen robado las tablas, quizá también hubiese pasado todo esto, pero de otra manera”, comenta Mosquera con una sonrisa. “Se puso el foco en las carencias que tenía museo”, añade.

Las obras y la seguridad

El robo no solo activó el mecanismo para que se crease el nuevo espacio, sino que también puso en valor el trabajo del personal de la entidad.

Las dos tablas del pintor flamenco, parte de un proyecto mayor encargado por Felipe IV, aparecieron en dos lugares muy diferentes del mundo: Miami y Estocolmo. Fue precisamente la que acabó en Suecia (‘Dédalo y el Minotauro’) la que puso en valor el trabajo que no se ve en los museos. Y es que la documentación y las fotografías hechas a los cuadros permitieron reconocer que el ‘Dédalo y el Minotauro’ que alguien intentó autentificar en Suecia era una de las tablas robadas en A Coruña. “Es un trabajo que quizá no se ve, pero es muy importante”, reconoce Mosquera, que explica que las obras de Belas Artes están documentadas con multitud de parámetros, desde básicas como el año o las dimensiones, hasta las restauraciones a las que han sido sometidas o “si van a exposiciones temporales”.

Esta obra se recuperó en el 88, con intervención de la Interpol y varias sesiones judiciales para demostrar que era la pieza robada. La ‘Aurora’, por su parte, apareció en el 91 en el mercado negro de Miami y precisó de una operación encubierta de las autoridades estadounidenses y de un pequeño error por parte del vendedor, confundirse el número con el que estaba catalogada con el de ‘Dédalo’, para saber que era robada.

Pero, uno de los aspectos que también mejoró el robo fue la seguridad de Belas Artes. Mosquera enumera algunas de las muchas medidas para proteger la extensa colección del museo. “Seguridad 24 horas, seguridad en sala para las visitas, sistemas de detección de robos, cámaras de seguridad...”, son solo algunas de las mejoras, que se suman a que las tablas ya no están colgadas, sino en dos vitrinas herméticas ancladas a la pared.

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Es uno de los bocetos de las obras que iban a decorar la Torre de la Parada, el pabellón de caza de Felipe IV en el Pardo, y representaba una de las alegorías inspiradas en las ‘Metamorfosis’ de Ovidio. Robada en el 85 en A Coruña, apareció en el 88 en el Nationalmuseum de Suecia. Alguien la llevó para autentificar, con intención de vender la tabla. Pero se topó con una trabajadora que vio que algo no pintaba bien. La obra le sonaba y llamó al Prado, donde le recordaron que unos años antes habían desaparecido dos Rubens de A Coruña, y uno de ellos era ‘Dédalo’. El problema radicaba en que el museo sueco no podía quedársela y regresó a su ilegítimo dueño, aunque la policía ponía en alerta a la Interpol. Se logró llegar a una cadena de juicios para determinar si se trataba de la obra robada o de una copia. El poseedor alegaba que no era la robada porque tenía una diferencia de medio centímetro con las referencias que se guardaban en A Coruña. Parecía que se iba a salir con la suya, cuando el resto de la documentación ayudó a negarle su oportunidad: se hizo un negativo de las imágenes que había de la tabla en A Coruña, demostrando que era la original, aunque no se le pudo condenar por el robo.

Aurora rubens 16481786
 

La ‘Aurora’ era otro de los bocetos del proyecto para la Torre de la Parada, una serie con seis decenas de obras. En este caso, tardó algunos años más en reaparecer tras el robo en A Coruña en el 85. Y lo hizo del otro lado del Atlántico, en Miami (Estados Unidos). Era el año 1991 y en el mercado negro norteamericano se detectó el intento de venta de una obra que se acabó identificando como la ‘Aurora’ de Pedro Pablo Rubens. Los vendedores estaban vinculados al crimen nicaragüense y pedían tres millones y medio de dólares por la tabla. Las autoridades estadounidenses tuvieron que disponer una misión encubierta de auténtica película para determinar, en primera instancia, que se trataba de una obra robada, antes de poder intervenir y acusar a los vendedores. Una confusión de los vendedores con el número de catálogo, que habían borrado, hizo que la operación encaminase su triunfo: confundieron el número de ‘Aurora’ con el de ‘Dédalo y el Minotauro’. La operación continuó con un historiador experto en arte involucrado, Charles Scribner, que confirmó la autenticidad de la obra, obligando a intervenir a las autoridades y a detener a los vendedores, acabando alguno de ellos en prisión.

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