La Policía Local frustra un intento de okupación en la calle Barcelona

Los policías municipales, en el momento de pegar el precinto que informa a los vecinos que este piso se encuentra bajo vigilancia

Agentes de la Policía Local actuaron ayer en la calle Barcelona para evitar un nuevo caso de okupación. Los patrulleros habían sido alertados por los vecinos del número 2 de esa calle de lo que estaba ocurriendo: unos intrusos habían forzado la entrada del primer piso. Cuando se personaron en el lugar de los hechos, los dos sospechosos de okupación se encontraban ya dentro y se negaban a abrirles la puerta pero, finalmente, entraron en razón y les franquearon el paso.

Los agentes municipales constataron, al penetrar en el interior de la vivienda, que no presentaba signos de una larga okupación: comida en la nevera, ropa en los cajones, etc. Así que conminaron a los dos sospechosos a que abandonaran la vivienda tras identificarlos. No fueron detenidos, puesto que no mediaba una denuncia del propietario del piso, que llevaba bastante tiempo vacío, pero en prevención de un nuevo allanamiento, que era muy posible dado, los agentes municipales decidieron adoptar medidas.

Para empezar, se solicitó la presencia de un cerrajero que se encargara de sustituir la cerradura que se había roto y más tarde, una placa de madera que cubriera la nueva cerradura e hiciera más difícil manipularla. Los patrulleros pegaron al marco una cinta adhesiva que advertía de que el piso se encontraba bajo la vigilancia de la Policía Local. De esta manera, unos posibles okupas no podrían alegar que llevaba tiempo viviendo allí. Es decir, que se había consolidado la ocupación, lo que obliga a un proceso judicial para el desalojo.



Repetidos intentos


Los intentos de okupación, de hecho, suelen repetirse en casos como este, porque los okupas esperan a que los agentes abandonen el lugar para volver a hacer una intentona. Eso es precisamente lo que ocurrió en el caso de la okupación del chalé del número 37 de la ronda de Nelle, que fue okupado por primera vez el 10 de diciembre. La primera vez, gracias al aviso de un vecino que había descubierto la rotura de la cerradura y de la pronta intervención del 092, se pudo expulsar a los okupas. Sin embargo, pudieron volver a colarse en la casa al día siguiente y, desde entonces, no la han abandonado.

A día de hoy, se calcula que residen un mínimo de tres personas en la vivienda, que llevaba vacía varios años, y los policías sospechan que existe menudeo de droga. Constantemente se ve a gente entrando y saliendo, y se han producido varios incidentes, incluido el uso de armas blancas como machetes.

Uno de estos incidentes, que tuvo lugar el día 2, los okupas emplearon un arco y flechas caseros para repeler el ataque de unos sujetos que lanzaron piedras contra la casa. Al parecer, molestos porque no les habían pagado “el alquiler”.

Otro casco similar se dio en Os Mallos, en el caso de un bajo situado en la calle de Francisco Catoira: los agentes municipales tuvieron que expulsar a un individuo que se había instalado allí tantas veces que al final, el Ayuntamiento tomó la decisión inédita de tapiar él mismo el local.

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