Los pleitos de Mayor Fernández Pita, una mujer de carácter

Casa Museo de Mayor Fernández Pita. Herrerías 28

Décima entrega de los pleitos de Mayor Fernández Pita, que relata los hechos ocurridos en 1595-1596, con el enlegajo 29.223/8. Querella del Capitán Peralta.


Este pleito es el que más disgustos le causó a Mayor Fernández Pita, en virtud de una querella formulada por el capitán Francisco de Peralta, a quien la municipalidad había alojado en su casa, en contra de su voluntad.


Mayor Fernández Pita se propuso hacer al capitán la vida imposible para que aquel abandonase su casa. En este proceso se llegaría a pedir que se pusiese en tormento a Mayor Fernández por negar las afirmaciones de los testigos y le recae una sentencia del Corregidor de 9 de marzo de 1596, que la condena a dos años de destierro de La Coruña y su jurisdicción, 4.000 maravedíes de multa, en las costas del proceso y mandando no se le pusiese en libertad hasta que la pagase.


Esta causa sería un tormento para esta luchadora mujer, que calculó mal las consecuencias de su actuación contra este militar como era costumbre, alojado en su casa, ya que en cada distrito de vecindario había un padrón de alojamiento de aquellos soldados al carecer la ciudad en esa época de cuarteles precisos para albergar tropas.


Tras este pleito Mayor Fernández Pita verá recompensado su martirio del destierro con una Real Cédula que se emite el 10 de septiembre de 1596 en San Lorenzo del Escorial, mediante la cual su casa quedaba exenta de acoger en alojamiento gente de guerra alguna, en recompensa por los servicios prestados durante el asedio inglés a la ciudad en 1589.


Querella

La denuncia presentada por el Capitán Peralta, es como sigue: “Que estando alojado el capitán Peralta en casa de Mayor Fernández Pita, viuda, vecina, conforme a alojamiento la casa le había dado por el Ayuntamiento de esta ciudad y estando esa noche pasada, que se contaron diez, de este presente mes y año recogido y acostado en dicha casa (...).


En su mal propósito antes de amanecer, de un sobrado de la casa encima del aposento del capitán, en menosprecio de la justicia, añadiendo delito y teniendo aparejadas ciertas bacinadas (orinales) de suciedad e inmundicias retenidas de más de veinte días, las había echado en la sala sobre el aposento del capitán Peralta que estaba acostado y donde tenía su ato. Por encima de un bufete en que el capitán comía de manera que todo lo había ensuciado, con esta suciedad y hedor, no había persona que parase en la sala. Para no ser descubierta, antes del amanecer se había ido de la casa dejando sus aposentos cerrados.


Acostumbrada de hacer y cometer otros muchos delitos y extorsiones, enfrentándose e injuriando a otras muchas personas de que estaba de todo ello haciendo información y averiguaciones, penarle y castigarle, conforme a las leyes y pragmáticas de estos Reinos, y así lo preveo, mando y firmo de su nombre, estando presente por testigos, Gregorio de Seoane”. En auto librado por el teniente de Corregidor de la ciudad Diego de Luna, pone a Mayor Fernández Pita presa en la cárcel pública de la ciudad. A este auto se le unirían los pleitos formulados en 1592 por Rodrigo de Pardo, labrador en 4 de mayo de dicho año, por lesiones e injurias, y el del soldado Antonio Pinto, noviembre del mismo año, por injurias y hurto, siendo el encargado de llevarlas Juan Rodríguez de Taibo, procurador de la Real Audiencia, quien se niega a aceptarlas. Nombrando al efecto a Rodrigo García de Soto y acusando a Mayor Fernández Pita de los delitos que en aquellas querellas se contienen, pidiendo que:


“Se le condene conforme a las leyes y pragmáticas, porque algunos de los delitos son graves y atroces, dignos de mucha punición y castigo y que hay bastantes indicios y para más averiguación de la verdad, le condene el Corregidor a cuestión de tormento y a que se desdiga públicamente de las palabras feas e injuriosas que ha llamado a los susodichos”. Después de llamar a los testigos a declarar, presentados por Mayor Fernández y su hija María Alonso, el Corregidor dicta sentencia en lo relativo al Capitán Peralta del modo siguiente:


“En causa que ante mí ha pendido entre partes, de la una, Rodrigo García de Soto, veedor de esta Audiencia, promotor Fiscal, por mí nombrado y del oficio de la justicia, y de la otra, reo contra quién se ha procedido y procede (...) y en razón de lo contenido en el proceso de esta causa Mayor Fernández Pita. Vistos: fallo atento, le he procesado, que debo condenar y condeno a Mayor Fernández Pita, a que dentro del tercer día cuando salga de la cárcel y prisión en que está, salga desterrada y por esta mi sentencia, la destierro de esta ciudad, su término y jurisdicción por tiempo y espacio de dos años precisos y más de cuatro mil maravedíes para los estrados de mi audiencia, los cuales dé y pague antes de que sea suelta de la cárcel y prisión que está y los dichos dos años de destierro no lo quebrante bajo pena de ser precisos y doblados y en las costas de este proceso, cuya tasación en mí reservo y juzgando así lo pronuncio y mando”.


El 9 de marzo de 1596 se le notifica a Mayor Fernández la sentencia, quien apelará a la Audiencia por medio de su procurador Pedro Patiño, mientras que el escribano de la causa, Juan de Mella, pide que se le abone por parte de Mayor Fernández Pita las costas de la causa, cuya tasación ascendía a 246 maravedíes. Fue una sentencia dura, en la cual Mayor Fernández Pita, se vio inmersa en la cárcel, el destierro y el pago de una importante suma de dinero, para recobrar su libertad.

Los pleitos de Mayor Fernández Pita, una mujer de carácter

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