Francisco Vázquez: "Todavía tengo una asignatura pendiente, escribir mis memorias"

Francisco Vázquez, en noviembre, durante la presentación del libro "1001 Historias Romanas de la Batalla de Lepanto, Política y Diplomacia"/Javier Alborés

El exalcalde de A Coruña Francisco Vázquez simpatiza con la práctica tan anglosajona de poner los archivos personales a disposición del público, como un ejercicio de transparencia similar al legado digital que acaba de publicar el exministro y expresidente del Congreso José Bono, y aunque el veterano político tiene mucho que decir, quizá el formato elegido sea finalmente otro.


"Yo todavía tengo una asignatura pendiente, escribir mis memorias", cuenta a Efe el también exembajador en la Santa Sede, que alberga la idea de publicar "algo" de sus recuerdos como alcalde de A Coruña durante más de veinte años, de 1983 a 2006, desde la perspectiva del desarrollo de la urbe.


Aunque su trayectoria política finalizó hace un decenio, caracterizada por un inconfundible personalismo y totalmente identificada con su ciudad, todavía dicen de Paco Vázquez (A Coruña, 1946) que "fue el mejor alcalde de España", en palabras de otro socialista de renombre, exministro y también regidor gallego, Abel Caballero.


Licenciado en Derecho e Inspector de Trabajo, Vázquez ingresó en el PSOE en 1975, todavía en la clandestinidad, y dos años después fue elegido secretario general en el primer congreso del socialismo gallego, así como diputado en el Congreso por A Coruña.


Tras presentarse en 1981 como candidato a presidir la Xunta, logró a los dos años ser elegido alcalde de A Coruña con mayoría absoluta en las elecciones municipales; en el 87 repitió mayoría absoluta, e incluso obtuvo el mejor resultado de las capitales de provincia de toda España, victorias que encadenó hasta que fue nombrado embajador ante la Santa Sede en 2006.


A lo largo de esos años, en los que también fue senador, el "alcalde de los alcaldes" como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, entre otros cargos, desempeñó el puesto de vocal de la Comisión de Defensor del Pueblo, institución que también optó a representar sin éxito hace once años.


En este caso, su condición de católico y oposición al aborto y al estatuto catalán le impidieron lograr ser Defensor del Pueblo, pese a contar con el apoyo del entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y del propio Bono -"fue uno de los que más me apoyó"-, y la aceptación del PP.


A Vázquez le resulta "agradable" que se sepa ahora de esa misiva que forma parte de los documentos publicados por Bono en la que agradece la ayuda y apoyo del exministro para su nombramiento como Defensor del Pueblo, si bien finalmente fue "vetado" para el cargo "por un sector del PSOE, las feministas y el socialismo catalán".


De las miles de cartas del legado digital de Bono hay más que protagoniza Vázquez, entre otras las relativas a las "veleidades nacionalistas de Maragall, la manipulación de la que fue objeto Pedro J. Ramírez o el congreso federal. Cientos de cosas", zanja sobre esta publicación del exministro, con quien mantiene una "relación política estrecha y una profunda amistad".


En definitiva y tras saludar esta iniciativa de Bono, primer presidente de Castilla-La Mancha desde 1983 hasta 2004, ministro de Defensa (2004-2006) y presidente del Congreso de los Diputados (2008-2011), para Vázquez "lo que vale es el diario, si cada día uno anota al final sus impresiones es válido, las memorias a posteriori a veces son para colgarse medallas que no están acreditadas".


En general, con las excepciones de aquellos documentos que puedan afectar a la seguridad nacional o a la honorabilidad de terceros, Francisco Vázquez es partidario de que se publiquen este tipo de documentos. "Depende de la importancia que puedan tener", matiza, si bien cree que las de sus coetáneos suelen ser "ajustes de cuentas".


Aunque tras dejar los cargos políticos Paco Vázquez se reincorporó en la Inspección de Trabajo de A Coruña y se doctoró cum laude con una tesis en este campo, todavía puede tener mucho que decir en unas memorias que, sin pretender ajustar cuentas, seguramente no dejarían a nadie indiferente.

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