
Si Castilla es ancha y plana, A Coruña no es ninguna de las dos cosas. Encerrado entre el Atlántico y la ría, este municipio vive en la estrechez, y su complicada orografía condena a los coruñeses a subir y bajar unas cuestas que parecen más empinadas cada año. Hay que decir que el Ayuntamiento hace lo que puede para conseguir que estas escaladas sean más llevaderas, instalando ascensores, bancos o escaleras mecánicas para incentivar la movilidad peatonal. Pero todo es poco, y más cuando la ciudad tiene que crecer sobre montes que hasta ahora se encontraban libres del urbanismo. Monte Mero es el último ejemplo de ello: dentro de unos años, será uno de los barrios más altos de A Coruña, solo por detrás del de A Zapateira.
Monte Mero se encuentra a 109 metros por encima del nivel del mar, mientras que O Castrillón, por ejemplo, no llega a cien. Así, los ‘montemerinos’ (el patronímico es objeto de debate) tendrán que ser gente con buenas piernas o un buen servicio de transporte público. No hay que olvidar que el Ayuntamiento está elaborando una nuevo estudio sobre las necesidades derivadas de los nuevos barrios de la periferia como paso previo para redactar un nuevo pliego de condiciones como paso previo para licitar un nuevo contrato de transporte público (mientras tanto, el actual servicio continuará en precario). La alternativa es circular en vehículo privado, lo que la Concejalía de Movilidad trata de desincentivar. Teniendo en cuenta que habría más de 4.000 viviendas en el barrio, eso son muchos coches.
Un largo recorrido
Los residentes de Monte Mero podrán caminar por la avenida de Alfonso Molina para llegar a su casa, teniendo en cuenta que, cuando el barrio sea una realidad, también lo será la humanización de la avenida, donde se incluirán zonas ajardinadas, pantallas verdes para proteger del ruido del tráfico e incluso un carril bici. Seguramente, Movilidad instalará una estación de BiciCoruña cuando sea el momento. A fin de cuentas, solo son 3,5 kilómetros.
Los vecinos del otro lado de la carretera de Eíris pueden darles algún consejo. Los residentes de O Castrillón viven un poco más abajo, pero saben lo que es vérselas con la empinada cuesta de la avenida de Monelos. De hecho, como parte de la urbanización del Parque Europa, el nuevo polígono urbanístico del barrio, se va a instalar un ascensor o una escalera mecánica que permita bajar hasta la ronda de Outeiro, lo que da fe de lo arriscado del lugar.
En realidad, solo barrios como Pescadería o Labañou pueden considerarse prácticamente llanos. La mayor parte de la población de la ciudad vive sobre una colina y regresar de una excursión del centro a pie es una verdadera prueba de resistencia. No hay coruñés que no haya estado a punto de desfallecer al comenzar la larga subida desde la plaza de Pontevedra hasta la ronda de Nelle. A Coruña tiene algunas cuestas muy pronunciadas.
| CIFRAS |
| 4.025 viviendascontempla construir el estudio de impacto ambiental en los 561.850 metros cuadrados del polÃgono, 200 menos de las estimadas inicialmente |
| 3,5 kilómetrosseparan el nuevo barrio del centro de la ciudad con la avenida de Alfonso Molina como el recorrido más directo entre ambos |
| 291 metroses la altura de Monte das Arcas, que es el lugar más alto de A Zapateira, lo que lo convierte en el techo de la ciudad |
| 979 plazasde aparcamiento en superficie tendrá el nuevo barrio, de las cuales diez se destinarán a movilidad reducida |
Las más empinadas
Pla y Cancela, con una pendiente con un promedio del 5,3% de inclinación, basta para quitar el resuello a cualquiera que no se encuentre en forma. Recientemente fue reformada y se le incorporó una barandilla para subir los últimos metros de una de las cuestas más emblemáticas de la ciudad.
Igualmente temida es la empinada avenida de la Concordia. El desnivel que separa a los habitantes de Os Castros y los de O Castrillón es nada menos que de 23 metros, y la avenida es tan empinada que supone todo un desafío para los peatones de más edad o con problemas de movilidad, con un 5,1% de pendiente media. Por eso, hace unos años, el Ayuntamiento instaló un ascensor en la parada de la rotonda de Os Castros, aunque los vecinos se quejan de que no llega hasta lo más alto.
La más larga de las vías de la ciudad, la ronda de Outeiro, también es una de las más accidentadas, porque tiene dos ‘cumbres’: la del cruce de la avenida de Finisterre (84 metros) y la de calle Montiño (38 metros). El tramo más empinado de toda la ronda de Outeiro resulta ser el que va desde la avenida el Ejército a Montiño, con un 6% de pendiente de promedio, pero también el más corto, con 280 metros. Por la otra cara, la pendiente es del 4,4%.
Pero el cruce de la avenida de Finisterre con la ronda de Outeiro es más importante porque es el punto en el que confluyen tres de las más importantes y largas cuestas de la ciudad, aquellas a las que todo coruñés se ha tenido que enfrentar en alguna ocasión: desde Manuel Murguía, la pendiente promedio es del 4,3%. Desde la avenida de Arteixo, nada menos que del 8%, una de las más empinadas de la ciudad. En cuanto a la avenida de Finisterre, también es otra de las más pronunciadas, con un 5%. Mención aparte merece Monte Alto, cuyo nombre no es casualidad. Con sus 61 metros de altura en su punto más elevado, que es calle Marola, no es tan alto como O Ventorrillo o Monelos, aunque destaca mucho más por su proximidad al mar. Ese desnivel queda patente cuando se pretende subir desde el Paseo Marítimo.
Pero de Monte Alto a Monte Mero hay una diferencia de 40 metros, sin contar la distancia que existe hasta el centro de la ciudad, de manera que en la comparación no sale bien librados. Ambos barrios, en cambio, gozan de unas vistas igualmente hermosas. En el caso de Monte Mero, por un lado una panorámica de la ciudad con el Atlántico al fondo y, por el otro, la ría de O Burgo y las playas de Santa Cristina y Santa Cruz. El monte das Arcas, en A Zapateira, con 291 metros, seguirá siendo el Himalaya coruñés, pero no hay ningún plan para construir un barrio allí, así que Monte Mero puede estar tranquilo.








