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A Coruña

El enigma oculto en lo alto de la Torre de Hércules

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Sobre la Torre de Hércules han corrido ríos de tinta. Y no es para menos, sobre el faro más antiguo en funcionamiento se ha escrito mucho: sobre su origen, sobre su funcionamiento, sobre sus reformas y restauraciones, sobre la historia y el entorno que lo rodea, sobre sus materiales... Pero aún así, sigue deparándonos sorpresas o, cuanto menos, incógnitas.

Una de ellas se la ha encontrado el fotógrafo Javier Corominas, en el transcurso de su proyecto ‘Coruña by night’, con el que pretende “no solo enseñarte la ciudad, sino cómo se ve la ciudad o cómo ven la ciudad”. Con ese pretexto, y no pocas trabas burocráticas, se subió a lo alto de la Torre de Hércules de noche, no al balcón, sino al interior, al lugar que alberga el farol que desde hace siglos guía a los marinos frente a las costas coruñesas.

Cuando ascendió las estrechas escaleras y ponía pie en ese espacio, lo primero que vio fue una marca en la primera piedra de la pared, junto al fanal. Un cuadrado, con un triángulo con la apertura hacia el exterior y una cruz. “Cuando subí, empecé a mirar todo, todo es nuevo para mí, me fijé en el símbolo y dije: ‘Esto estará todo estudiado’”. Así que, como le habían otorgado poco tiempo en aquella primera subida nocturna, se puso a tomar fotografías sin preguntar por ese signo que le había llamado la atención. “Pensé que sabrían hasta el código de barras del cincel con el que se habría hecho”, reconoce con una sonrisa.

Pero más tarde preguntaría y se llevó una sorpresa: nadie sabía exactamente para qué era esa marca en la piedra. Aunque Corominas, nada más verlo, “lo entendí como fotógrafo”.

Su explicación

La hipótesis que contempla Corominas se basa en la posición del triángulo, apuntando al este, o lo que es lo mismo, a la entrada de la ría y, por ende, al puerto.

“Hay que pensar que no era 2025”, aclara el fotógrafo, que entiende que el signo era una marca para saber a dónde tenían que enfocar la luz del faro para guiar a los barcos hasta el punto de entrada a la ría.

Hace una analogía con la propia profesión de fotógrafo: “Si necesito hacerte una foto, tengo que utilizar una luz, pero no interesa iluminar toda la estancia, entonces uso dos paneles para controlar la luz”, dice, mientras dibuja dos líneas, emulando el triángulo grabado sobre la piedra de la Torre de Hércules.

Pero Corominas no se quedó con su explicación, sino que quiso saber más del signo que llamó su atención. Así que se lanzó a 67 personas, entre “investigadores, arqueólogos, miembros del CSIC, del Ejército, torreros...”. Todos le dijeron que no conocían el uso real o significado de la marca, pero “todos me han dado hipótesis”. “‘No lo mires como algo unitario, míralo como parte de un conjunto’, me dijo Jesús Reiriz. Si lo ves como parte de la herramienta para iluminar, me parece lo más coherente”, asegura.

Pedro Pasantes, farero de la Torre durante más de un cuarto de siglo, cree que el signo es una marca sin mucho más significado, pero sí que recuerda que antaño, antes de la reforma de Giannini, la luz del faro romano se podía dirigir a un punto concreto de la entrada a la ría. Apunta a los tiempos en que se usaban “lentes fijas”: “Al no ser giratorio, los rayos se podían dirigir a un mismo punto”, asegura.

El fotógrafo Javier Corominas pide que se estudie más a fondo, tras preguntar a decenas de personas por él

Preguntas a expertos

Pero todo el tiempo empleado por Corominas en preguntar, le sirvió también para entender uno de los motivos por los que quizá esta pequeña marca ha caído en el olvido. Este signo estuvo tapado, asegura, por planchas de mármol, algo que habría ayudado a que no mucha gente pudiera echarle el ojo.

Tanto Pasantes como el arqueólogo José María Bello recuerdan este dato. “Cuando se hizo la intervención arquitectónica de 1992, las ‘paredes’ interiores de la cámara de iluminación estaban recubiertas de placas de mármol”, indica Bello, que recuerda que en ese momento fueron retiradas. Pasantes hace memoria también al asegurar que el mármol contaba con marcas, o firmas, según se mire, del marmolista, por lo que no descarta que el signo de la piedra también sea una inscripción. Algo similar piensa Bello, que sin conocer el significado real, apunta que “el mundo de las obras, públicas o no, está lleno de símbolos que sólo conocen los especialistas”.

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El misterioso signo, en primer plano | Javier Corominas

El fanal y otras marcas

Sobre el desconocimiento del significado del signo, cabe destacar también que la cúpula que alberga el farol de la Torre de Hércules no es un lugar que acoja muchas visitas, más allá de fareros y torreros, algún que otro investigador y, quien como Corominas, sortea todos los trámites burocráticos para poder acceder a su interior.

No ocurre lo mismo con la terraza exterior, la cual ha sido testigo incluso de visitas turísticas guiadas para conocer a fondo detalles del faro de origen romano, como los pararrayos.

Javier Corominas explica que el signo en cuestión no fue el único que le llamó la atención, ya que el propio fanal, la campana acristalada que recubre la estancia del farol, y ayuda a la potencia lumínica del mismo, tiene varios números grabados en algunas de sus piezas.

La explicación a estas marcas puede ser más sencilla que la del signo interior. El fanal, ideado por Joseph de Mendoza Ríos, se creó en el Reino Unido y tuvo un viaje no muy sencillo, con paradas en Bilbao, Santoña y Ferrol, antes de arribar a A Coruña para su montaje en lo alto de la Torre, ya comenzado el siglo XIX.

Cabe recordar que esta obra se culminó una década después que la reforma del faro de Giannini. En aquel momento, para hacer las labores de montaje más sencilla, los encargados de su construcción, José Baleato y Francisco Tellado, “numeran las piezas”, tal y como recuerda Javier Lopez Vallo en ‘El fanal de Mendoza Ríos para la Torre de Hércules’.

Sin embargo, la marca en la piedra no tiene una explicación tan clara, tal y como se refrenda de las más de seis decenas de personas a las que Corominas ha consultado desde que lo vio en su primera vez en la cámara de iluminación del faro romano. Esta falta de respuestas claras es la que ha hecho crecer, más si cabe, su curiosidad, hasta el punto de que hace un llamamiento para que alguien fije su mirada en el interior de la Torre y se pueda estudiar más a fondo un nuevo enigma en torno al faro romano, que nos sigue generando preguntas tantos siglos después.

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