
La última polémica con las mediciones de sonido en A Coruña y sus consecuencias ha llegado hasta Madrid, donde una empresa, después de haberse informado por El Ideal Gallego, advierte de la peligrosa dinámica y el futuro negro para el sector si no cambia el enfoque. El caso en cuestión fue la fiesta para 300 personas que el pasado 12 de agosto organizó Guanaco Fest en una discoteca con licencia para café cantante (límite de 90 decibelios), y en la que el estricto cumplimiento de la normativa llevó a un cabreo colosal por parte de los asistentes, que prometieron no volver a la ciudad si no cambiaban las reglas.
Cuando los clientes reconocieron las canciones y comenzaron a cantarlas se encontraron con que la música se apagaba, algo que se volvió una constante durante horas y que acabó por vaciar el establecimiento. El motivo es que, desde hace unos meses, la Policía Local ha comenzado una campaña de mediciones y multas para aquellos aparatos que, además de cortar la música al alcanzar el límite de decibelios, no corten también por el sonido ambiente.

Es ahí donde en Madrid se echaron las manos a la cabeza y se acordaron de situaciones muy semejantes en Lisboa o Barcelona. De hecho, ya se han puesto en contacto tanto con el Ayuntamiento como con la Asociación de Empresarios de Hostelería de la ciudad.
Planteamiento
La empresa en cuestión, llamada MRC Audio, se dedica precisamente a la instalación de equipos de medición. Según señala, el origen de los problemas viene del tipo de aparatos que se homologaron en su día y la vía de medición de los mismos. “Por un lado, el problema viene de la aplicación de la ley y cómo enfocamos su límite sonoro, pero por otro también está en la circunstancia de limitar por el micrófono, ya que por ahí entra todo. La cuestión es convencer a las autoridades de que con ese sistema no se puede realizar una actividad de ocio”, apunta Manuel Rubio, uno de los asesores de la empresa. “El caso de Lisboa era exactamente el mismo: el concejal responsable estaba empeñado en ese tipo de sonómetro y la única solución fue el cambio, ya que las multas son sólo un pequeño detalle antes de no poder trabajar”, añade.
Sin ánimo de caer en una vocación comercial o de aprovecharse de la problemática existente, el profesional del sonido dice: “El limitador acústico alternativo está pensado para proporcionar una herramienta útil tanto para las autoridades como para los propietarios. Los primeros pueden vigilar las emisiones de ruidos a través de datos sonométricos que el equipo proporciona, con gráficos e informes. Los segundos pueden ejercer su actividad sin infringir las normas, manteniendo la calidad del producto, que es la música. Se puede limitar por la señal eléctrica de línea o por el micrófono, y en ambos casos de manera global o por filtros de frecuencias”.
Ese matiz es el que permitiría a los clientes no sobrepasar el límite de decibelios, algo que sucede en muchos casos a pesar de que la música esté apagada. Todo ello en un contexto en el que la adaptación al catálogo de la Xunta permitirá elevar los decibelios.












