
A Eduardo (Lalo para los más cercanos) Blanco (A Coruña, 1955) se le van cayendo las anécdotas del bolsillo una tras otra. Acaba de celebrar esta misma semana su llegada a los 70 y, como él mismo explica, siempre ha sido muy inquieto y ha hecho de todo. Siempre tirando de ironía. “Mi bisabuela, que murió con 104 años, me decía que lo más bonito en el mundo es el humor y el amor”, explica. Ha sido profesor, concejal, paracaidista (no de los de la política, sino de los de saltar de un avión) y todo lo que tenga que ver con el deporte. Su trabajo de fin de carrera relacionaba el ejercicio con la inadaptación social, algo que ponía en práctica en un piso tutelado de Vallecas. “Llevábamos a los chavales al cine o íbamos a hacer deporte y ellos nos enseñaban a robar un coche; pero de los de antes –bromea–, no hice curso de actualización”.
¿Cuál es su primer recuerdo de A Coruña?
Las verbenas.
Me refería a recuerdos infantiles.
Los Cantones. Mis padres nos llevaban a mi hermano y a mí de paseo, los fines de semana. Éramos de barrio y bajábamos a Coruña.
¿Cuál era su barrio?
El Gurugú. La Falperra, el cine España, Juan Castro Mosquera, que es ya la salida al parque y Sinforiano López. Toda esa zona. Y mi patio de recreo era el parque de Santa Margarita. Donde se empotró el Palacio era donde nosotros escalábamos. Sin cuerda.
¿Cómo sin cuerda?
En las rocas había salientes e ibas subiendo. Después, de mayor, ya pensaba, pero qué osados éramos, porque si te caías de ahí... Siempre me gustó el riesgo. Hice mucho paracaidismo deportivo.
¿Hay algún deporte que no haya practicado?
Difícil, porque he hecho de todo. Natación, lo justito. Mar, vela ligera, esquí acuático y nieve, montaña, escalada, judo, lanzamiento de peso, lucha grecorromana y lucha libre, danza jazz y rusa...
Le gustaba todo...
Mis entrenadores me dijeron que no saldría nunca adelante en un deporte de alto nivel porque hoy hacía judo y mañana estaba jugando a balonmano. Me gustaba la diversidad.
¿Cómo era en el colegio?
Fui a la Grande Obra de Atocha de pequeñito y, posteriormente, al Liceo La Paz, donde estuve trabajando, posteriormente, al acabar la carrera. Estaba Lendoiro coordinando la parte deportiva y, cuando llegué, a él lo pusieron de gerente y a mí me nombraron jefe de departamento.
Y se va a Madrid a estudiar INEF cuando muy pocos lo hacían.
Yo primero soy militar. Con 17 años me fui a Cuatro Vientos y luego me destinaron a Mallorca. Lo único que hacíamos era leer, entrenar y bueno, las extranjeras, qué quieres que te diga... Pero tenía idealizado el Ejército. Volví a casa y pensaba hacer Derecho, pero ese verano hice un curso con un licenciado en INEF que me animó a estudiar Educación Física. Fui a las pruebas y eran 2.000 personas para 80 plazas.
Eso tenía que ser dificilísimo...
Muy difícil. Era muy competitivo. Yo tuve la suerte de que me cogió en temporada alta.
¿Y cómo entra en política?
Yo estuve en grupos clandestinos de Falange Auténtica, la Falange antifranquista. Dentro del panorama político de la época, nos decían que éramos de extrema izquierda. Al disolverse, muchos compañeros se fueron a la CNT y otros al PSOE, pero yo me quedé huérfano político. Me gustaba mucho la política deportiva: planificar, organizar y me invitaron a participar en el grupo federal de deportes del PSOE en Madrid en 1982. Aquí necesitaban a alguien de mi perfil. Me citan en la plaza de Vigo, en la cafetería Venus, y aparecen Salvador Fernández Moreda y Paco Vázquez y me dicen: “Si tuvieras mando en plaza, ¿qué harías en materia deportiva?”. Me tuvieron que mandar parar (risas). Y así empecé. En el 82 me hice del partido socialista porque si voy, es con todas.
Pero, por lo que veo, siempre ha sido bastante libre.
Siempre. Cuando me voy al Consejo Superior de Deportes, Paco no quería pero lo entendió. Y me fui a Madrid, que estaba Cortés Elvira de secretario de Estado y tuvimos un encontronazo nada más llegar. Al final acabé bastante mal con él. Al volver, estaba de nuevo en las listas y fue un mal trago decirle a Paco que volvía a mi trabajo. Ya no tenía la misma pasión y, en política, de la misma forma que aceptas una responsabilidad debes saber también irte.
¿Y cómo acabó con Lendoiro y Paco Vázquez?
Con Lendoiro, cuando él es gerente y yo estaba en el colegio, teníamos una muy buena relación. Pero cuando él llega al Liceo como presidente me quería reducir el sueldo y era un poco “o Paco Vázquez o yo”. A pesar de todo, yo le he perdonado y le he respetado. Creo que él era muy novato en la política y se dejó llevar. Y con Paco forjé una amistad que perdura, nos vemos con frecuencia. Es mi padrino de boda, además. Fue el que “me obligó” a casarme.
¿Cómo fue eso?
Quiere mucho a mi mujer, Yolanda y, como vivíamos en pecado, me dijo: “Dime cuándo te vas a casar y no busques padrino porque tengo que ir yo”. Hablé con Gelo y era el momento que no se llevaban muy bien, así que se lo dije a Paco. Después, en la fiesta, estuvieron hablando hasta las cuatro de la mañana.
Como concejal, tuvo responsabilidades en la parte de deportes pero también la de fiestas.
Deportes siempre me acompañaba pero Paco me dio autonomía y me permitió innovar. Llevé transporte, limpieza, parques y jardines, turismo, fiestas y deportes.
O sea, que probó un poco de todo.
Cuando me marché a Madrid se dividió mi área en cinco concejalías.
¿Y de qué está más orgulloso?
De lo que estoy más orgulloso es de haber creado las escuelas deportivas y de poner en marcha el Coliseum. Pero también del concierto de Prince. Nonito Pereira dijo que hubo un antes y un después de ese concierto. Fue el pistoletazo para meternos en el circuito internacional. Teníamos Riazor pero no queríamos un conflicto con Lendoiro. Vi un anuncio del aniversario de los jesuitas y salía el campo de fútbol. Hablé con ellos y les presenté el plan. La asociación de padres no estaba de acuerdo pero acabó cediendo. Desde el punto de vista cultural, aquello fue muy importante.
¿Tenía la ciudad más glamour antes?
Si por glamour se puede entender gente de referencia artística, cultural, deportiva, obviamente creo que fue una época dorada.
¿De qué se siente orgulloso como coruñés?
De que somos los mejores anfitriones cuando viene gente a esta ciudad. Yo lo demuestro cada día y tengo fama. De hecho, ahora estoy montando el congreso de inteligencia artificial y deporte, que será en noviembre, y no tengo problema para hacer el programa porque los trato muy bien.
¿Y algo que no le guste tanto?
¿De Coruña? Me va a costar... Que todavía existen algunas zonas no urbanizadas y que dan mala imagen. A mí me tocó eliminar el punto negro de Vioño y otros más.
Habla como CTV pero ahora vive en Santa Cristina...
Desde hace años, además. Para mí, Santa Cristina es Coruña. De hecho, a Gelo le digo que cualquier día la independizo de Oleiros (risas). Trabajaba en el INEF e iba andando muchas veces. Aquello es idílico. Como dice el refrán, Oleiros es diferente.












