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A Coruña

El día a día de los comercios junto al ‘punto negro’ de la ronda de Outeiro: “La gente cruza la calle”

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El tramo de acera frente al 131 de la ronda de Outeiro es señalado, desde hace años, como un punto conflictivo del barrio. Los vecinos, comerciantes y hasta el gerente del parking subterráneo llevan tiempo denunciando lo que allí ocurre a diario, pero ha sido recientemente cuando llegó un motivo de pequeña celebración. O eso esperan.

La Policía Local ha aumentado la presión en la zona, incrementado los cacheos cada vez que acuden en respuesta a las llamadas vecinales. En esta acera, a la altura del número 137, no solo hay escándalo nocturno junto a un locutorio y un ultramarinos. También hay peleas, aglomeraciones y acumulación de suciedad, entre otros factores.

Los vecinos definen el día a día como “un grupo de individuos que se reúnen para pasar allí las horas bebiendo e increpando a la gente que pasa por allí”. Y, si para los residentes de edificios colindantes ya es molesto, para los comerciantes ha generado incluso pérdida de clientes. Jesús, propietario de la Charcutería Pampín, está al frente del negocio desde hace ocho años, después de que su padre abriese la tienda en 1978. Nunca se ha planteado cerrar su charcutería, pero reconoce que desde hace cinco años todo cambió.

“Se nota mucho el efecto de este problema, sobre todo a partir de determinadas horas. Cuando empieza a atardecer, mucha gente no pasa por delante. A las 18.00 horas estas personas se juntan allí para tomar cervezas y traficar, y la gente cruza la calle. Como es normal, el flujo de clientes es mucho menor que hace años debido a esto”.

Caso omiso

Hace semanas que Jesús percibe un aumento de presencia policial, pero estos individuos, comenta, hacen caso omiso. “Pedimos en numerosas ocasiones que se aumentase la vigilancia, porque también funciona como efecto disuasorio. Pero la Policía viene, hace redadas y, cuando se van, estas personas vuelven a concentrarse allí a los cinco minutos, por lo que vuelve a ser lo mismo”.

Este comerciante, no obstante, tiene fuerzas para seguir adelante: “Gracias a Dios vas trabajando y resistiendo. Mientras yo trabaje con mi negocio lo voy a hacer, porque es lo que te motiva a seguir”, apunta.

En el número 154 se encuentra un comercio que no necesita presentación en el barrio, el Bazar Puerta del Sol. 

Con casi sesenta años de andadura, es otro de los negocios que ha demandado un incremento de vigilancia en la zona en cuestión. Tienen una segunda tienda en el 121 de la ronda de Outeiro, cerca del tramo en cuestión. Allí, relatan, estos individuos han entrado para “intentar robar”. “Llevamos aguantando esto durante años y genera una situación de inseguridad enorme. Solo queremos una zona tranquila”, aseguran.

La Pulpeira de Lola, en el 135, es otro de los negocios que tiene que lidiar con este punto conflictivo, y muy de cerca, llegando a señalar en numerosas ocasiones el “gran problema” que supone. La asociación Distrito Mallos, a la que están adherida decenas de comercios del barrio, expresa su preocupación. “La ronda de Outeiro es una de nuestras arterias por la que pasan muchos coches y, al ver ese punto negro, es fácil pensar que todo el barrio es así. No es, ni de lejos, lo que se pinta por ahí”, afirma Alba Balsa, la presidenta de la entidad.

Asunto complicado

Ya en 2022 este diario adelantaba lo que ocurría en este ‘punto negro’ de la ronda. El gerente del parking subterráneo, José Salgado, denunciaba que “todos los días desde las 22.30 hasta las 04.00 horas esto es una discoteca. No solo hay peleas, que son cosas puntuales, sino que diariamente hay bebida en las calles, suciedad y ruido”.

No es la primera vez que las entidades vecinales del barrio se pronuncian sobre este edificio y los establecimientos que lo rodean, pero su existencia produce “una sensación de inseguridad muy grande”. Se trata de un asunto difícil de abordar policialmente. A menudo, la Policía recibe llamadas de vecinos describiendo peleas en las que salen armas, como palos, a relucir. Sin embargo, para cuando la Policía hace acto de presencia, ninguno está dispuesto a denunciar a su agresor, así que rara vez la intervención acaba en detenciones. 

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