Los coruñeses se muestran prudentes y apuestan por mantener el uso de la mascarilla en la calle

Varias personas caminan por la plaza de Lugo, donde la presencia de mascarillas sigue presente | patricia g. fraga

El uso de la mascarilla en exteriores ya no es obligatorio desde ayer, pero las calles de la ciudad mostraron una realidad dividida: reina todavía su uso, pero hay quienes celebran la medida y no dudaron en retirar la protección de sus caras nada más salir de casa. Muchos viandantes optan por esperar unas semanas, otros afirman que dependerá de la zona y la afluencia de gente y otros tantos no se lo piensan dos veces.


“Con el frío no siento la necesidad de dejar de llevarla porque también abriga. Seguramente cuando lleguen los días calurosos empiece a retirarla, porque con el sudor es muy molesta”, comenta Lucía, una vecina del barrio de Os Mallos que ayer todavía llevaba una FFP2 por las calles de su zona. Con ella, sin embargo, caminaba Omar, quien no compartía la opinión de su compañera. “Estoy a favor de que se mantenga su uso en el interior de los establecimientos, ya sea comercial u hostelero, pero en las calles lo veo absurdo. A no ser que te metas en algún sitio donde haya cincuenta personas pegadas, no veo la necesidad de alargar esta situación”.


En barrios como Elviña, O Ventorrillo e incluso en el centro de la ciudad, la protección se veía en más del 80% de los caminantes. En la calle Real había prudentes como Olga, y “hartos” como José.


Reacciones

En el caso de la primera, lo tiene claro: “Vivo con mis padres y mi abuela. Si llevo dos años soportando todo tipo de restricciones, puedo aguantar un tiempo más con la mascarilla por la calle hasta que sea 100% seguro”.


El segundo de los consultados en la arteria comercial de la ciudad decía estar “cansado” de tanta restricción. “Si soy sincero, llevo bastantes días sin usar la mascarilla por la calle porque me parecía absurdo. Con el calor se te moja y es incomodísimo, y ahora que ya no es obligatoria pues no me lo he pensado ni dos veces”.


La mayoría, sin embargo, coinciden al señalar que dejarían el uso de la protección como una norma en el transporte público. “En el bus creo que es un sitio donde estaría bien que fuese obligatoria también en el futuro. Al final, si de algo ha servido todo esto, es para darnos cuenta de que hay que mirar por el bien de todos y en sitios cerrados, ante el mínimo síntoma de catarro, estaría bien protegernos para evitar contagiar a otras personas”, dice Carmen, una coruñesa de ochenta años que ayer también optó por usar la mascarilla en su paseo mañanero diario. “Otro día, si no hay mucha gente, igual me la quito, pero Dios dirá”, afirmó.

Los coruñeses se muestran prudentes y apuestan por mantener el uso de la mascarilla en la calle

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