
Será recordada para siempre la última semana del verano 2025 como la que instauró el tardeo como evento masivo, con cifras de festival y de manera intergeneracional. Si el pasado fin de semana más de 15.000 personas hicieron del muelle de Batería una macro reunión de nostálgicos (Petazeta XXL) y amantes del house (Mestizo), esta vez el grupo Pelícano y el festival Son&Mar salieron indemnes y airosos de la que quizás era su apuesta más arriesgada: interiorizar el tardeo entre los universitarios y convertir sus noches de jueves en una jornada de más de 12 horas.
Más de 3.000 jóvenes dijeron ‘sí’ al festival UnifesUdc, también bautizado como Copeo, y que calcó exactamente la misma propuesta y puesta en escena que la semana pasada: una carpa en forma de invernadero, pantallas de gran tamaño, barras por doquier y zona de descanso. Quizás, por marcar un punto de diferencia, se puede decir que el público más juvenil holgazanea la entrada en favor de apurar las horas de playa. Y es que, cuando a las seis de la tarde el evento abrió sus puertas, las colas eran mucho menos extensas que en eventos anteriores.
Dos de las primeras en acceder fueron Katia y Saray, de Dumbría y Muxia respectivamente, y mucho más acostumbradas al tardeo en las verbenas de verano. “Os rapaces de aquí non están feitos a baixar tan cedo”, reconocen las estudiantes de Filología Hispánica e Industriales. Curiosamente, las que no pudieron entrar fueron tres señoras a las que picó la curiosidad al ver tanta gente. “¿Se puede pasar?”, preguntaron.
A medida que pasaron los minutos y empezó a anochecer creció exponencialmente el indicador de ‘bros’ por segundo. La inmensa mayoría de los que entraron tenían entrada o bien para Pelícano o para Amura y Brit, donde a partir de las 01.30 horas prosiguió la fiesta hasta bien entrada la mañana. “Lo de bajar tan temprano es más para mi vieja”, exclama uno mientras apura la que dice ser su cuarta caña. Ahí empezó el debate sobre el aguante, bailando y tomando, de una generación y otra. Lo que parece claro es que, de mantenerse este ritmo en los tarros, la tendencia es a que confluyan en algún punto de la capital de la fiesta del noroeste de España.












