Los chabolistas que resisten en A Pasaxe aseguran que no piensan abandonarlo sin una alternativa

Antiguos chabolistas continúan regresando a su antiguo poblado para quemar la chatarra y almacenarla

La alcaldesa, Inés Rey, señaló ayer que tan solo quedan dos familias (o núcleos convivenciales, en lenguaje técnico) malviviendo entre los restos del poblado de A Pasaxe, junto al puente. En total, unas seis personas en un lugar que acogió en su día a docenas de familias. La regidora aseguró que las trabajadoras sociales están intentado que abandonen las infraviviendas antes de que llegue la fecha límite en que tendrán que abandonarlas, que es el lunes. Sin embargo, los afectados se mostraban tajantes ayer: “Hasta que no me den un piso no voy a salir de aquí, eso está claro”.


“Quedamos mi hermano y yo –denunciaba uno de los afectados, tajante– que llevamos viviendo aquí unos 30 años. A mí no me han dado ninguna oferta de pisos ni nada. Que no me correspondía nada, y yo de aquí no me voy a mover más que si me dan algo”.


El afectado señalaba, además, que su hermano tiene varios hijos, dos de ellos menores, a su cargo. Y que están escolarizados en el vecino colegio de Santa María del Mar. Su defensa legal señala que su vivienda es una posesión prolongada en el tiempo, un derecho que debe ser retirado en un juicio declarativo. Es decir, que tiene que ser un juez quien tome la decisión y no una administración (en este caso, Demarcación de Costas, la responsable del terreno) por la vía del hecho. Los abogados insisten: “Hablamos del derecho a los menores a recibir una escolarización y buscar un realojo que permita a los niños seguir el curso académico”.


Quejas de los trasladados

Aunque los dos hermanos que resisten exigen una alternativa habitacional, tampoco todos los chabolistas que han aceptado el realojo estén muy satisfechos por el trato conseguido. Uno de ellos, que vive ahora en un piso de propiedad pública en Eirís, y que es padre de cinco niños, contempla el futuro con incertidumbre y parecía convencido de que tendría que abandonar el piso en el que se encontraba ahora. “Nos dieron tres meses de alquiler y tenemos que devolver las llaves en mayo”, señalaba su esposa. Su marido se mostraba firme: “Yo no voy a dejar a mis hijos en la calle. Antes, me hago okupa”.


Normalmente, el acuerdo que ofrecen las trabajadoras sociales a los chabolistas consisten en el traslado a un piso de alquiler que paga a medias la administración y el plazo es de cinco años. Así ha sido con muchos de los antiguos residentes de A Pasaxe pero el chatarrero, que no deja de trabajar mientras, habla, insiste en que no es su caso y expresa cierta desconfianza hacia los políticos.


La chatarra

Muchos chabolistas se dedican a la chatarra, y almacenaban el material en el poblado, donde también la quemaban para arrancarle el plástico. Por eso, aunque sus actuales pisos son mucho más cómodos que las chabolas, pero siguen teniendo que venir al poblado a trabajar.


“Hay que darles una posibilidad de aparcar el camión, de acumular la chatarra, cumpliendo las normativas”, señalan desde la defensa legal, al tiempo que lamentan que el Gobierno local no haya querido reunirse con ellos como si ha aceptado Demarcación de Costas”.

Los chabolistas que resisten en A Pasaxe aseguran que no piensan abandonarlo sin una alternativa

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