
La ciudad de Vigo, y más concretamente el Celta, está metiendo la cabeza en un mercado, el de los grandes conciertos de pop-rock, en el que A Coruña la ha superado de largo desde hace 35 años, que fue cuando comenzó la pugna con aquel Prince-Madonna. Para ello, la urbe olívica cuenta con dos bazas fundamentales: un estadio de Balaídos que se está reformando y el entendimiento para explotarlo existente entre su dueño (el Ayuntamiento encabezado por un hijo adoptivo de A Coruña, Abel Caballero) y el club. No ocurre lo mismo en la ciudad herculina, donde los desacuerdos entre la propiedad municipal y el Deportivo son constantes en los últimos tiempos. Por tanto, que la reforma del estadio de Riazor esté en el aire no solo afecta a la candidatura coruñesa al Mundial 2030: también es clave para el futuro de este derbi musical.
La celebración de conciertos en Riazor siempre ha sido motivo de polémica. El césped, magnífico tras la reforma del estadio con motivo del Mundial 82, quedó arrasado tras los espectáculos de Miguel Ríos y Julio Iglesias en 1983, lo que dio origen al primer convenio entre del Deportivo y el Ayuntamiento por el uso del estadio. Un recinto que, a partir de entonces, solo se abriría a la música en dos ocasiones excepcionales: para el Concierto de los Mil Años, durante tres jornadas en julio de 1993, cuando presidía el club Lendoiro; y para el Morriña Fest, durante dos días en julio de 2022, con Couceiro como máximo mandatario del club (hubo una tercera, el Riazor Live de 2021, que se llegó a anunciar, pero se canceló por el covid).
Las renuncias
Al no poder contar con Riazor, A Coruña ha tenido que renunciar en los últimos lustros a grandes conciertos que han acabado recalando en el Monte do Gozo (Santiago) y, más puntualmente, en Vigo, sea en Balaídos (como los de Muse en 2022 o Guns N' Roses en 2023) o en otros emplazamientos. Actualmente, la instalación con más capacidad de la ciudad es el muelle de Batería, un recinto al aire libre con capacidad para 16.000 personas de pie. Pero, pese a esta carencia, la ciudad herculina ha seguido siendo el referente musical del noroeste peninsular.
Entonces, ¿qué ha cambiado ahora? Pues la novedad es que el Celta ha decidido apostar fuerte por esta línea de negocio. Va a hacer una apuesta estratégica por los conciertos como fuente de ingresos extraordinaria. Para ello, ha establecido contactos con operadores internacionales para incluir a Balaídos en los circuitos de conciertos de primer nivel, esos a los que A Coruña no puede aspirar actualmente por carecer de un recinto adecuado. Todo ello lo está haciendo de la mano del Ayuntamiento vigués, propietario del estadio.
La pugna entre Vigo y A Coruña por los grandes conciertos ya ha empezado. El Ayuntamiento herculino puso todo de su parte para que la escala gallega de la gira de El Último de la Fila fuese la ciudad coruñesa y no la viguesa, que se había posicionado. Finalmente, logró su propósito, y el dúo catalán pisará Riazor el 13 de junio del próximo año. El Deportivo emitió un durísimo comunicado en el que catalogó de “inadmisible” por varias razones la programación “unilateral” de ese concierto. Ese ha sido el penúltimo choque entre el club y el Ayuntamiento.
Unión en la ciudad olívica
Mientras tanto, Celta y Ayuntamiento de Vigo trabajan unidos para convertir el estadio olívico en un referente musical en 2026 y años venideros. En el corto plazo, cuando se acabe la reforma de la grada de Gol, el panorama va a ser un Balaídos que superará con creces los más de 30.000 espectadores para conciertos, pudiendo llegar a 35.000, y un Riazor que no pasará de los 26.000 por razones de configuración de la evacuación.
De hecho, para El Último de la Fila han salido a la venta 25.900 tickets. Esa es la capacidad actual del municipal coruñés para estos eventos. ¿Cómo podría competir A Coruña? Pues con la reforma prevista para albergar el Mundial 2030, con la que Riazor superaría los 40.000 espectadores para recitales. Esto situaría el estadio no solo por encima del vigués en cuanto a aforo, sino que lo colocaría al nivel de Cornellá o Anoeta, donde acaba de triunfar Bruce Springsteen.
Así pues, en estos momentos, se está empezando a jugar una partida en la que no solo hay en juego una sede para la Copa del Mundo de Fútbol de 2030. Está también en disputa la hegemonía de A Coruña como referente cultural del noroeste. Para la ciudad coruñesa, hay un riesgo evidente de que Vigo se convierta en la punta de lanza de los eventos musicales de primer nivel en el citado sector, ocupando así la posición que tradicionalmente le ha correspondido a la urbe herculina.
Las cifras
35.000 espectadores es el aforo máximo que se estima que tendrá Balaídos para albergar conciertos una vez que concluya la reforma que se está realizando
25.900 asistentes es lo máximo que el estadio de Riazor puede acoger para un concierto y, de hecho, ese es el número de entradas para El Último de la Fila
40.000 entradas se podrían poner a la venta en los espectáculos musicales del estadio de Riazor si se reformase para acoger el Mundial 2030
3 años hace que no se celebra un concierto en el estadio de Riazor, desde el Morriña Fest






















