
Poco antes de finalizar su ya histórico recital del sábado, Antonio García, cantante de Arde Bogotá, confesó a los coruñeses: “Muchísimas gracias por esta maravilla de concierto que recordaremos siempre”. Y es que toda la estancia de la banda de Cartagena en la ciudad ha estado rodeada de un halo mágico, como si de estar viviendo en tiempo presente la construcción de una historia de leyenda se tratase. A las 0.55 horas sonaron los últimos acordes de ‘Cariño’, tema de cierre, pero ni la música ni la fiesta se detuvieron en lo que fue una comunión perfecta entre el grupo y la ciudad herculina. Menos de una hora después los músicos y su equipo comprobaron de primera mano por qué muchos consideran A Coruña la capital de la fiesta del noroeste.
El espacio elegido fue The Clab, conocida todavía por muchos como Chaston. Allí disfrutaron de una celebración privada, pero en la que en ningún momento rehuyeron el contacto y la interacción con los fans. Aproximadamente una cuarta parte de la sala se convirtió en la fiesta de Arde Bogotá. Un gran telón rojo y un dispositivo especial de seguridad no dejaron lugar a dudas a los asistentes. “Ahí hay alguien 'gordo”, comentó una clienta mientras mantenía un ojo en la pista y el otro era víctima de la curiosidad. Al otro lado de la cortina unos 70 invitados disfrutaron de una noche inolvidable. Si bien el concepto reservado suele remitir a grandes sofás, mesas y botellas lo cierto es que en este caso fue una pequeña pista de baile, en la que los lugares de descanso funcionaron más para apoyar bolsos y chaquetas que para su cometido real.
Qué vida tan dura
El DJ residente de The Clab tuvo varios guiños con sus clientes más especiales y pinchó temas como ‘Qué vida tan dura’. Lo curioso es que tres cuartas partes de los que la bailaban no sabían que a unos pocos metros, tras una cortina de teatro, se encontraban los creadores de la pieza. Sin embargo, nada como la letra de ‘Sin vergüenza’ para definir la noche de Arde Bogotá y su equipo. Fue “pura adrenalina y rock and roll”, aunque tampoco hicieron ascos a la salsa, el dance de los 90 el brit pop.
Uno de los encargados de gestionar el evento fue el hostelero Emilio Ron, que se vio sorprendido por la repercusión (se corrió la voz rápidamente y algunos fans intentaron sin suerte acceder) y por el resultado final. “Ellos nos seleccionaron porque somos la sala que marca la diferencia y porque buscan una exclusividad que supimos ofrecerles”, sentencia. “Fue un honor tratar con gente tan cercana y encantadora, esperamos verles pronto de nuevo”, añade.
No terminó ahí la historia de amor entre A Coruña y Arde Bogotá. Una vez recuperados de la fiesta, los cartageneros quisieron comprobar la repercusión de su espectáculo bajo el diluvio. Y para ello eligieron El Ideal Gallego, cuya portada y crónica del domingo compatieron en las redes sociales.























