Roberto Pérez y Berta Fernández, propietarios del mesón O Lagar, un negocio emblemático de la avenida de Vilaboa (Culleredo), cerraron un capítulo en su vida el pasado fin de semana junto a toda su clientela. Tras 38 años al frente, Pérez se jubilará el próximo lunes, cuando cumpla los 65 –por ahora está, dice sonriente, “de vacacións”–, y desde este lunes el local tiene nuevos propietarios, a quienes está tratando de enseñar en sus primeros días.
“Estou botando unha man no que precisen, son xente nova moi emprendedora e queren conservar incluso o nome, así que hai Lagar para un tempo”, explica el hostelero, que lleva detrás de una barra desde 1983 y que en el 88 abrió el establecimiento de Vilaboa.
Mano en los fogones
En los primeros meses de la cocina se encargó su madre, pero poco después se casó y Berta, a sus 18 años –y habiendo estudiado Corte y Confección–, se puso al frente de los fogones, logrando “moito éxito e platos moi aclamados, como os callos, a tortilla ou as carnes”, cuenta Pérez.
“Manter un local 38 anos é difícil e fomos un referente porque no seu momento, antes de que Vilaboa explotara e se construíse tanto, eramos os únicos que dabamos menú do día”, dice este hostelero nativo de una de las localidades cullerdenses con más población joven. Asegura que O Lagar ha acogido siempre “tanto aos de toda a vida como a toda a xente que veu vivir aquí” y ha vivido cambios –como cuando se convirtió también en despacho de loterías– y en el corazón se lleva momentos como la fiesta del pasado sábado con todos sus allegados.
“Estaba isto desbordado e nós case non avisamos a ninguén, só puxemos uns letreiros aquí dentro para os clientes e mandamos algún whatsapp. Regaláronnos demasiadas cousas, pero o mellor regalo foi contar con todos aquí”, rememora el ya casi jubilado.
Su trabajo ha sido ingente durante estos años entre comidas y cafés, llegando a servir cada día cerca de 50 menús –“o noso récord foi dar de comer a 72 persoas en tres horas”, indica orgulloso–: “Este negocio permitiunos vivir decentemente e que os nosos dous fillos puidesen estudar o que quixesen.
Hoxe se defenden perfectamente e temos unha neta de dous anos que nos vai animar esta nova etapa. Berta, como é algo máis nova, aínda vai ter que traballar un pouquiño máis”, relata el cullerdense.














