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Carral

Casa Avelina, mucho más que un bar para los peregrinos: “Te tratan como si fueras su nieto”

Avelina y Carmen, en su establecimiento de As Travesas
Avelina y Carmen, en su establecimiento de As Travesas
CARLOTA BLANCO
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“El mejor sitio que he estado en mi vida. Creo que se ha vuelto parte más que importante del Camino Inglés, un sitio donde te tratan como si estuvieras en tu casa, Avelina y Carmen son increíblemente amables y cariñosas, ¡un trato como el de tu propia abuela! Para mí eso vale oro”. Es la primera de las 2.142 reseñas que tiene en Google el establecimiento Casa Avelina, ubicado en As Travesas (Carral), y, si se continúa leyendo, todas recogen un sentir similar. 

No por casualidad tiene una puntuación de 4,9 en esta plataforma, aunque Carmen se quita méritos y reconoce que es algo que les sale innato: “Tratamos a todo o mundo ben e con cariño porque moitos están lonxe da casiña e seguro que botan de menos que os coiden. Peregrinos doutros países ou que fan o Camiño sós agradecen que alguén mire por eles despois dunha etapa dura. Facemos o que nos gustaría que nos fixeran a nós”, apunta la hostelera, tercera generación de un negocio que, más que un bar-estanco, es un reducto de amabilidad y buenas viandas. 

El local, que ahora regenta Carmen con su hermana Avelina, lo abrieron en 1917 sus abuelos paternos, y hoy en día la madre de ambas, con 85 años, sigue por allí “controlando”, bromean. “Non somos unha casa de comidas pero facemos bocadillos para repoñer forzas; só temos cafés, refrescos, cervexas e así”, declara, mientras que los comentarios de Google detallan que las hermanas de Casa Avelina no escatiman y suelen poner, también, bizcochos, pasteles, buñuelos o filloas. En definitiva, lo que hace una abuela en cuanto entran sus nietos por la puerta. 

Vírgenes y santos en el bar carralés
Vírgenes y santos en el bar carralés
CARLOTA BLANCO

Confort tras la caminata

“Sin ni siquiera pedirlo te ofrecen un taburete para poner los pies en alto, bolsas de gel frío para relajar los músculos, y te hacen sentir como en casa”, reza otra de las reseñas, destacando uno de los ‘servicios’ del local que la gente más valora, el del confort tras la caminata: “Después de una etapa larguísima nos puso sillas para levantarnos los pies, nos hizo un bocata gigante de jamón, queso y tomate, nos insistió en que tomáramos azúcar... vamos, nos trató como si fuésemos sus nietos o sus hijos”, dicen de Carmen, a la cual también le atribuyen otro remedio ingenioso en días de lluvia: reparte periódicos para introducir en el calzado y que absorban la humedad.

Las hermanas no tienen constancia de cuántos peregrinos pasan cada año por allí, pero el local –que abre todos los días– suele estar siempre hasta arriba. “Traballamos as dúas solas e estamos tan ocupadas atendendo que nunca nos paramos a contar ou saber canta xente pasa por aquí; a partir de Semana Santa xa é cando empeza o abarrote”, aseguran. 

Muestras de cariño

Carmen indica que los clientes también le demuestran mucho cariño y recuerda un caso en que una pareja estadounidense les envió un décimo de la lotería navideña premiado con 120 euros, para que lo canjearan y lo dedicasen a la ermita de San Roque, a pocos metros de allí. 

Carmen, de Casa Avelina
Carmen, de Casa Avelina
CARLOTA BLANCO

Hay quien ha plasmado en su piel su paso por el local: “Tuve que hacerme un tatuaje de una foto que nos sacamos con Carmen, fue un momento que me marcó”, puede leerse en Google. Casa Avelina demuestra que no hace falta cocina de autor o grandes artificios para dejar huella, solo un trato cercano y dar lo mejor de uno mismo.

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