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Bergondo

Lo enterraron sin nombre en Navarra y 88 años después podrá volver a casa, en Bergondo

restos represaliados
Imagen de archivo de la exhumación en Leranotz en 2018 | Gobierno de Navarra
Gobierno de Navarra
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Casi nueve decenios para volver a casa, para descansar para siempre en Bergondo. El ADN de una sobrina nieta hallada en Argentina ha servido para identificar, 88 años después, a Gerardo Gómez Lorenzo, un vecino de la aldea de Carrio al que asesinaron tras escapar del Fuerte de San Cristóbal, en el municipio navarro de Antsoain, donde estaba encarcelado desde hacía unos meses tras ser condenado por rebelión en A Coruña. 

“Por fin Gerardo poderá estar coa súa familia”, escribió emocionada la regidora, Alejandra Pérez Máquez. Esta semana, la alcaldesa recibió una llamada que en Bergondo esperaban desde hace meses, pero que los descendientes de María y Casilda Gómez Lorenzo –las dos hermanas que, con sus padres, Juan y María, tuvieron que exiliarse en Argentina por estar ‘señalados’– aguardaban casi desde que nacieron, desde que les contaron lo ocurrido con su tío Gerardo. Desde la Comunidad Foral de Navarra indicaban que, tras una intentona inicial, sin éxito, los restos del carpintero de 21 años asesinado en Navarra tras la histórica fuga del Fuerte de San Cristóbal, acababan de ser identificados por el ADN. Las muestras definitivas habían ‘volado’ desde Azul, en Argentina.

Así, transcurridos 88 años, aquel veinteañero que intentó escapar de una cárcel que se había convertido en símbolo de la represión, ha dejado de ser una incógnita para convertirse de nuevo en hombre, con nombre, apellidos y una historia que comenzó el 24 de septiembre de 1916. Ese día nació Gerardo, el segundo de los tres vástagos de Juan Gómez, de Vixoi, y María Lorenzo, de Carrio. Allí se crió y aprendió el oficio de carpintero hasta que, cuando apenas había comenzado a construir su vida, el estallido de la Guerra Civil cambió su destino al ser condenado a 30 años de prisión por auxilio a la rebelión en un consejo de guerra celebrado en A Coruña. 

El 14 de junio de 1937 ingresó en el impenetrable Fuerte de San Cristóbal, en el Monte Ezkaba, cerca de Pamplona. Más de 7.000 republicanos soportaron las condiciones extremas de una cárcel que el Gobierno de España y el de la Comunidad Foral de Navarra acaban de declarar Lugar de Memoria Democrática. Entre ellos, al menos dos bergondeses: Andrés Pardo y Gerardo Gómez.

Fuga

El día 22 de mayo de 1938, once meses después de la entrada de Gerardo, ocurrió lo impensable: 795 reclusos consiguieron huir en una evasión masiva que los historiadores consideran la mayor fuga carcelaria de Europa. Casi ninguno alcanzó la libertad, a muchos los abatieron durante la persecución y a otros los capturaron y asesinaron en varias zonas de Navarra. Como a Gerardo. 

Tras salir de San Cristóbal emprendió una carrera desesperada hacia Francia, pero nunca alcanzó la frontera porque dos días después fue capturado en la zona de Leranotz, en el valle navarro de Esteribar.

Los testimonios de la época relatan que dos fugados acabaron retenidos en la escuela, que se confesaron con el cura de Agorreta y que, a continuación, los trasladaron a Oiazki. Allí los asesinaron y los enterraron, sin nombre ni indicaciones, hasta su exhumación en 2018. 

Sin embargo, la historia de Gerardo no terminó con su asesinato y se alargó durante decenios, aunque en silencio porque, de alguna manera, la represión alcanzó también a su entorno, tal y como explica la alcaldesa de Bergondo. La contienda los separó incluso después de la muerte pues, mientras el único varón permanecía en una fosa anónima en Navarra, sus padres, con sus dos hermanas, reconstruían su vida al otro lado del Atlántico. En Bergondo se quedaron algún tío y varios primos, siendo dos de ellos, nietos de una de las hermanas de María Lorenzo, la matriarca, los que contactaron con Pérez Máquez cuando la memoria volvió de la mano del investigador Fermín Ezkieta.

Este escritor es el autor de una de las obras de referencia sobre la huida de 1938 y, mientras reconstruía las historias de los evadidos, descubrió que entre ellos había dos vecinos de Bergondo: Gerardo Gómez Lorenzo y Andrés Pardo Argüeso

Las averiguaciones de Ezkieta cruzaron un océano porque primero aparecieron allegados en Bergondo y Sada y después, a través de otro  instalado en los Estados Unidos, surgió el hilo que conducía a Argentina.

Allí dieron con la descendencia de una de las hermanas de Gerardo. El mismo nombre elegido por ella, por Casilda, para uno de sus hijos, que seguían esperando respuestas, que estaban en su mismo ADN. 

Los restos exhumados en 2018 en Oiazki pertenecían a Gerardo Gómez Lorenzo. Ochenta y ocho años después de su asesinato, la ciencia devolvía una identidad a quien había sido enterrado como un desconocido, y también devolvía algo más difícil de medir: la certeza de saber dónde estaba y qué ocurrió en 1938. Ahora comienza una nueva etapa en la que lo primero será seguir investigando para saber dónde está Andrés Pardo.

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