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Roberto Gestal, de Finca Villariza: "En 1993 hacíamos 340 bodas al año y 500 comuniones en Pastoriza"

El empresario vive una nueva etapa al frente del negocio que sus padres fundaron, con un mesón, en los años 70

quintana. Roberto Gestal , gerente del pazo de villariza
Roberto Gestal, en uno de los salones de Villariza
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Roberto Gestal Zas (A Coruña, 1966) se crió entre pantagruélicos banquetes y el ajetreo de las cocinas del Mesón de Pastoriza, un referente de la hostelería en la provincia que alcanzó su cénit en los años 90 y que vive una nueva etapa junto a su hermano pequeño, la Finca Villariza. El empresario, director de Invegest, charla sobre este emblemático local y su trayectoria personal. 

Sus padres abren en 1973 un restaurante en Pastoriza que acaba siendo un ‘trasatlántico’. Cuéntemelo desde el principio. 

Sí, mis padres, Eulogio Gestal y María Luisa Zas, abren el 23 de septiembre del 73, dentro de unos días se cumplirán 53 años. Mi padre era músico y tocaba en la banda municipal y en una orquesta, anduvo por Alemania o Irán para ganarse las habichuelas. Mi madre vivía al lado de la casa del cura y le propuso que le comprasen el terreno a la iglesia para emprender un negocio, concretamente, un restaurante para las romerías, la de San Miguel y otras, porque aunque aún se estilaba lo de ir con la tartera, la gente ya comenzaba a querer comer fuera. El Arzobispado le vendió los terrenos a mis padres y con lo que había ahorrado mi padre, que también quería dejar de viajar, montaron el Mesón. Entre el 73 y el 88 lo ampliaron constantemente, mi padre todo lo que ganaba lo destinaba al negocio. 

¿Solo estaban ellos dos? 

Al principio sí, trabajaron mucho y luego, al montar nuevos comedores, también se amplió la plantilla. El Mesón es un monstruo, un ‘Titanic’, un barco que no vale para principiantes. Son diez comedores, 6.000 metros construidos y el mercado nos ha ido llevando a otra situación. En los años más potentes éramos una media de 80-90 camareros y 30-40 personas en cocina y limpieza. Mis hermanos y yo empezamos los tres aquí, vimos nacer y crecer el negocio. Mi padre tenía una frase que nos hacía mucha gracia: “Yo no quiero que trabajéis, pero hoy me tenéis que ayudar”, decía (risas). Y con 18 años yo ya coordinaba un equipo.

¿Cuál fue el secreto del éxito? 

Nuestro producto de calidad y el equipo que teníamos, con capacidad para asumir una cantidad impensable de bodas y otros eventos. Con 16 años yo iba con mis padres al muelle y solo traíamos producto fresco: cigalas del día, rape... En el año 93 hacíamos 340 bodas al año o 500 comuniones, creemos que hemos batido récords. Teníamos 14 bodas un sábado, son números que hoy en día una empresa de cátering no puede ni imaginar, se decía que en dos años y medio pasaba toda A Coruña por Pastoriza, cada fin de semana venían 3.000 personas. Salía una boda de mañana y entraba otra de tarde, éramos especialistas en eso. 

Y no había apenas competencia. 

No había tanta competencia. Pastoriza directamente no competía con nadie, para ponerlo en dimensión: Codorníu, la familia Raventós, nos daba el precio en Consejo de Administración, especial para nosotros. Con Frigo igual, comprábamos entre 80.000 y 100.000 unidades al año, eran cantidades que ya no existen. Ahora hay menos demanda y las bodas han cambiado, en general son más pequeñas.

Roberto Gestal Zas, gerente de Finca Villariza
Roberto Gestal Zas, gerente de Finca Villariza
QUINTANA

¿Y cuándo empieza a decaer? 

Cuando mis padres se jubilaron ya había dificultades de encontrar gente para trabajar y empezó a decaer el volumen, luego vino la pandemia y se decidió cerrar. Ahora mis hermanos están jubilados y he quedado yo para defender esto, que queremos cuidar para darle una segunda vida. En el caso del Mesón, ha quedado relegado para eventos grandes o congresos, ya que sigue siendo el único sitio de A Coruña que alberga a mil personas en un recinto cerrado y climatizado, pero su futuro está encaminado a una promoción inmobiliaria, una residencia de mayores... tenemos varias propuestas sobre la mesa. Es un terreno muy grande con mucha proyección y estamos escuchando ofertas, y mientras tanto lo aprovechamos para eventos. Hoy, por ejemplo, hay un grupo de Senegal que está celebrando un acto religioso. 

Y Finca Villariza continúa a pleno rendimiento. 

Sí, lo gestiona una empresa de cátering porque en su momento tuve dificultades para encontrar gente para trabajar y formar un equipo, esta fue la mejor solución. La gente joven quiere trabajar sus ocho horas, comprarse un coche, ir de vacaciones, y apenas ahorran. Antes es verdad que se trabajaban 12 o 14 horas y no nos importaba porque ganábamos dinero y queríamos, por ejemplo, comprarnos una moto. Los chavales que venían aquí de prácticas o a hacer fines de semana nos recuerdan con cariño porque les pagábamos bien. Nos sobraban camareros. 

¿Qué capacidad tiene el recinto? 

Villariza tiene tres salones, uno de 110 personas y dos de 70. Contando con el jardín se puede albergar un cóctel para hasta 600 personas. 

Pero usted ha tenido mucho recorrido al margen de Pastoriza. 

Sí, hace 20 años era muy inquieto. Trabajábamos el fin de semana aquí pero fui invirtiendo en negocios de hostelería, en pubs en A Coruña [Cotobelos, Studio 80 y No sé No sé, pone como ejemplos], hasta que me aburrí y los vendí, y di con un nicho de mercado: proveer de comedores a las grandes obras, es decir, que los obreros no tuvieran que desplazarse a restaurantes y que pudieran comer sin siquiera quitarse la ropa de trabajo o las botas llenas de barro. Monté un comedor en el Puerto Exterior y otros en los cañones del Sil y salió bien, salieron muchos proyectos. En Langosteira trabajaba con OHL y Copasa, que me ofrecieron ir a Arabia Saudí a dar de comer a los operarios de las obras del AVE La Meca-Medina. Vendí los comedores de aquí y empecé de cero, pasé allí dos años y di el salto al sector internacional. Después vinieron Bolivia, Perú, Chile, Singapur... Nuestra empresa la acabó comprando Gate Gourmet, una firma importantísima de cátering aéreo. Su presidente me llegó a decir: “Tú eres capaz de hacer con dos o tres personas lo que nosotros con 16”. Valoraban que soy muy resolutivo. A mi vuelta gané el concurso para gestionar el cátering del circuito del Jarama y dos clubs de golf al lado, el de la Real Sociedad Hípica y el del RACE, y estuve hasta 2023, que volví y retomé esto. 

¿Qué parte de su éxito se debe a los valores de sus padres? 

Mucho. El trabajo, el esfuerzo, levantarse a las cinco de la mañana para ir a comprar el pescado, pagarle a la gente. No deberle dinero a proveedores y cuidar de los empleados. Recuerdo que cuando se hacían las obras en el Mesón, mi padre se traía a los obreros a comer a mi casa. 

¿Qué objetivos tiene ahora? 

Pasar un poco a segundo plano, que Villariza lo siga llevando la empresa de cátering y que Pastoriza se convierta en otra cosa, unos apartamentos o lo que acabe siendo más adecuado. 

¿Hay relevo generacional? 

En principio, no. Tengo una hija de 22 años que está trabajando en un hotel en Lisboa pero aún se está formando, tiene que curtirse. Se verá. 

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