
El municipio más occidental de la comarca volvió a rendirse a una de sus celebraciones más emblemáticas: la Festa das Flores de Arteixo. Un evento que cada año reúne a vecinos y visitantes alrededor del arte efímero de las alfombras y los ‘maios’, la música y las actividades culturales para confirmar la excelente salud de una tradición que se remonta al siglo XIX.
Así, aunque ningún arteixano sabe señalar con exactitud el año en que empezó todo, de lo que nadie duda es de su arraigo en la memoria colectiva de Arteixo. Las referencias históricas sitúan sus orígenes hace más de cien años, impulsada por las Hijas de María y vinculada inicialmente a las celebraciones religiosas del mes mariano por excelencia, cuando la devoción y las ofrendas constituían el núcleo central de una ceremonia a la que acudían desde todo Arteixo.
Una cita que, con los años, amplió su dimensión social sin desatender su origen religioso; en la que también se implicó el Balneario de Arteixo, uno de los escenarios más destacados de la celebración, donde se escogía a Miss Flor. Una costumbre que se mantuvo hasta los 90.
La Festa das Flores de Arteixo evolucionó casi de la misma manera que le municipio, el más importante centro industrial del área metropolitana, incorporando nuevos elementos de ocio y diversión sin renunciar a sus raíces, que continúan vivas con las comuniones y el recorrido sobre las alfombras de colores llevando a hombros la imagen de la Virgen María.
Desde que la institución municipal decidió darle un impulso a la celebración y dotarla de nuevos contenidos, las alfombras se han convertido en el símbolo y en uno de los atractivos de la Festa das Flores de Arteixo.
La elaboración de estos tapices es una tarea silenciosa de la que se encarga con total dedicación la Asociación Cultural Mariana. Los integrantes de este colectivo invierten mucho tiempo en los diseños y en su disposición alrededor de la iglesia de Santiago, por no mencionar el esfuerzo que supone la recogida de materiales y la confección íntegramente artesanal de sus composiciones, que transforman el entorno en un auténtico escaparate de color y creatividad; en una exhibición de arte inspirado en la naturaleza de Galicia.
La edición de este año volvió a demostrar que la unión entre ciudadanía y celebración se mantiene intacto, con vecinos de todas las edades disfrutando de una agenda de actividades que se abrió el lunes 25 de mayo con música en el auditorio Manuel Murguía, a la que durante una semana siguieron exhibiciones, verbenas y hasta el XI Concurso de Maios do Concello de Arteixo. Porque la convocatoria sigue evolucionando sin perder su identidad, y lo que comenzó como una celebración vinculada a la religiosidad es ahora una manifestación cultural que reúne historia, cultura e implicación vecinal; un símbolo de memoria colectiva, de esfuerzo compartido y de una tradición que continúa floreciendo alrededor de la iglesia de Santiago.













