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Sociedad

Dolly Parton no falleció por ‘turbo cáncer’

Se trata de un término que utilizan los difusores de teorías de la conspiración para vincular la vacuna contra el COVID-19 con el cáncer. No obstante, no existe en Medicina.

Composición fotográfica hecha para ilustrar este artículo
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Dolly Parton falleció a los 80 años como consecuencia de un cáncer. No obstante, hasta la fecha, no se ha especificado qué tipo de cáncer. A raíz del fallecimiento de la artista estadounidense, las redes sociales han asegurado que la cantante falleció como consecuencia de un ‘turbo cáncer’, un término que los conspiranoicos utilizan para describir casos de cáncer de rápida progresión o muy agresivos.

“Se informa que Dolly murió tras una “Breve batalla contra el cáncer” Breve en el sentido de “de corta duración” Algunos podrían llamarlo “Turbo”(sic), se asegura en uno de los mensajes virales. Algunos usuarios van más allá y aseguran que el cáncer de la cantante fue provocado por la vacuna de ARNn contra el COVID-19.

No obstante, esto es falso. La cantante falleció como consecuencia de un cáncer, aunque no se ha especificado qué tipo de cáncer. El término ‘turbo cáncer’ no existe en medicina. Además, a fecha de publicación de este artículo no existe ningún vínculo entre la vacuna contra el COVID-19 y el cáncer.

Durante la pandemia, Parton donó un millón de euros para fabricar la vacuna de Moderna, según publicó SNOPES, miembro, al igual que Infoveritas, de la International Fact-Checking Standart Network (IFCN, por sus siglas en inglés). Posteriormente, se vacunó con la propia vacuna que ayudó a financiar.

El término 'turbo cáncer' no existe

Para empezar, el término ‘turbo cáncer’ no existe. Fue inventado por los difusores de esta teoría de la conspiración para describir el fenómeno falso de que las vacunas contra el COVID-19 causan y aceleran cánceres anormalmente agresivos.

Este es un ejemplo de la falacia post hoc, la errónea suposición de que si un evento (la vacunación) precede a otro (un nuevo diagnóstico), el primer evento debe haber causado el segundo. Esto explica por qué el cáncer y otras tantas enfermedades se atribuyen a las vacunas contra la COVID-19. Se trata, por tanto, de una expresión inventada por promotores de la desinformación sobre vacunas para crear alarma y miedo que confunde correlación con causalidad.

No hay relación entre la vacuna del COVID-19 y el cáncer

Es más, a fecha de publicación de este artículo no existe ninguna vinculación entre las vacunas contra la COVID-19 y el cáncer. Así lo confirman instituciones como el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos: “No hay pruebas de que las vacunas contra la COVID-19 causen cáncer, recidiva o progresión de la enfermedad. Es más, las vacunas contra la COVID-19 no cambian el ADN (es decir, el código genético).”

En la misma línea desmiente esta relación la Asociación Americana contra el Cáncer: “No hay información que sugiera que las vacunas para el COVID-19 causen cáncer. Tampoco existe información que sugiera que estas vacunas puedan aumentar el cáncer o su recurrencia (que vuelva).”

Las vacunas protegen contra el cáncer, no lo causan

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) indica que “casi uno de cada cinco casos de cáncer en el mundo son producidos por bacterias, virus y otros agentes infecciosos.” En ese contexto, estar al día de las vacunas es una manera eficaz de prevenir algunas de las infecciones que pueden causar estos virus y, por tanto, de prevenir en la medida de lo posible el cáncer.

“La hepatitis B es una enfermedad causada por la infección del VHB, que puede producir cáncer de hígado, fibrosis hepática, insuficiencia hepática e incluso la muerte. El VHB daña el hígado: cuanto más dure la infección, mayor es la probabilidad de tener cáncer de hígado. Si se tiene hepatitis B crónica, el consumo de alcohol o la coinfección por el virus de la hepatitis C aumenta sustancialmente el riesgo de tener cáncer de hígado”, resaltan desde el organismo.

Por otra parte, el VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente. En la mayoría de los casos, la infección no produce síntomas y desaparece por si sola. “En otras ocasiones, produce verrugas genitales y puede llegar a producir cáncer de cuello uterino, vulva, vagina, pene o ano. No debemos olvidar que el virus también puede infectar la garganta, lo que implica que también puede producir cáncer orofaríngeo”, puntualizan.

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