
El papa ha pedido este viernes acogida para los migrantes respetando su historia, pero también que ellos se abran con confianza a la comunidad que les recibe, aprendan su lengua, respeten sus leyes, conozcan sus costumbres y participen en la vida común, según ha dicho en un discurso en la plaza del Cristo de la Laguna en Tenerife.
En el segundo acto de su jornada en Tenerife, León XIV ha lanzado también una dura condena a los traficantes de personas y a quienes organizan rutas de muerte: "Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina", ha advertido.
Tras su encuentro en el centro Las Raíces, el papa mantuvo un encuentro con personas que trabajan por una acogida digna y por la inclusión de la población migrante, celebrado en el casco urbano de La Laguna, declarado patrimonio de la humanidad.
Allí, el pontífice estadounidense ha asegurado que "las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra", porque "hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia".
El papa se ha dirigido a las asociaciones que se ocupan de la integración de migrantes y les ha dicho que "la acogida abre la puerta", pero "la integración ayuda a cruzar el umbral".
Integrar "no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria" y tampoco significa crear "mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente", ha advertido León XIV.
Y entonces se ha dirigido a los migrantes, a quienes ha pedido "abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones".
"Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás", ha afirmado.
En este acto, el papa ha vuelto a escuchar nuevos testimonios y ha resaltado que los migrantes "buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas".
Ha pedido no olvidar "a tantos migrantes que, provenientes de Latinoamérica, de Filipinas y de otras latitudes, forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla".
"Déjense también evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a través de quienes se integran", ha pedido el papa, y ha agregado: "El extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy".
Y a los católicos, el papa ha querido pedirles algo más: "Que la integración no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección".
"Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar", ha dicho el papa.
A los traficantes: "¡Deténganse. Conviértanse!"
También ha querido resaltar que "existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad".
"Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad".
Desde la plaza del Cristo de la Laguna, también ha lanzado una condena directa "a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio".
"¡Deténganse. Conviértanse!", les ha exhortado el papa, quien ha advertido: "Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina".
Los migrantes al papa: Que no se nos mire sólo como números, sino como personas con sueños
"Que no se nos mire solo como emigrantes, números o documentos, sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza". Esta ha sido la petición que han expresado este viernes ante León XIV los migrantes del centro de acogida Las Raíces de Tenerife, que han agradecido al pontífice "su corazón cercano" con el drama migratorio.
En el último día de su viaje a España, León XIV ha visitado Las Raíces, donde ha escuchado el testimonio de Theodor Faye, nigeriano, y la joven Bousso Diouf, en representación de los usuarios que se alojan en este centro gestionado por la organización de trabajo social Accem, en el que se atienden las necesidades básicas y se da orientación a las personas que llegan a las isla siguiendo la ruta canaria de cayucos y pateras, la más mortífera del mundo.
"No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad", ha reivindicado Bousso Diouf ante el papa. Y ha añadido: "Nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal".
No ha habido referencias expresas en el acto de Tenerife pero son peticiones se producen en la misma jornada en que entra en vigor el Pacto de Migración y Asilo en la UE, que supone la mayor reforma desde la crisis migratoria de 2015, y entre cuyas novedades destacan medidas de blindaje fronterizo, de disuasión y de aceleración de expulsiones de personas migrantes, además de ayudas a países bajo mayor presión migratoria, como España.
En Las Raíces, los migrantes han agradecido a León XIV su sensibilidad y escucha. "Gracias por escuchar a las personas migrantes, a las familias que dejaron su país y empezaron empezamos una nueva vida lejos de casa. Muchas veces el camino es difícil. Hay miedo, tristeza y también soledad. Pero sus palabras nos dan fuerza y esperanza para seguir adelante", ha dicho Theodor.
"Venimos con sueños sencillos: trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad. Y sentimos que usted mira a las personas migrantes con respeto y con cariño", ha añadido.
Bousso, que se ha presentado "en nombre de muchas personas emigrantes que han dejado atrás su hogar, su familia y su vida buscando seguridad, paz y dignidad", ha recordado: "Venimos de países donde la pobreza, la violencia, la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir".
"Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz. Dejamos atrás nuestros recuerdos, nuestros seres queridos y una parte de nuestro corazón, con la esperanza de encontrar una vida mejor", ha dicho Bousso.
Ha recordado ante el papa que "el camino hasta llegar aquí no fue fácil. El trayecto estuvo lleno de miedo, dolor e incertidumbre. Cruzar rutas peligrosas, especialmente el océano Atlántico hacia Canarias, significa enfrentarse al hambre, al frío, a la desesperación y, muchas veces, a la muerte".
"Muchos hermanos y hermanas perdieron la vida en el mar, y otros siguen sufriendo en silencio, víctimas de mafias que se aprovechan de la necesidad y del sufrimiento humano".
Y entonces ha querido aprovechar la ocasión para una "petición sencilla pero profundamente humana": "Dignidad".
"Pedimos que las fronteras no se conviertan en muros de indiferencia. Que no se nos mire solo como emigrantes, números o documentos, sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza. Nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal".
Ha concluido pidiendo al papa que rece por quienes perdieron la vida en el camino, por quienes aún atraviesan mares y fronteras buscando seguridad, y por quienes luchan cada día "por construir un futuro digno, en paz y con esperanza".
En este centro, la mayoría de los alojados actualmente son de Senegal, Gambia y Mali; todos han llegado a Canarias en cayuco y suelen permanecer alrededor de uno o dos meses antes de ser trasladados a otros lugares de acogida en la península.
Las personas acogidas son todas mayores de edad y han llegado en cayucos o pateras. Son ahora 685, pero ha habido épocas en las que se han alcanzado cifras de entre 2.000 y 3.000, sobre todo en 2024, cuando hubo un repunte en la llegada de embarcaciones.
Santa Cruz recibe al Papa con sentimiento de historia y la inercia de un día de fiesta
El goteo es lento pero continuo y el rumor comienza a extenderse entre las decenas de personas que desde las ocho de la mañana han llegado a coger sitio en los aledaños del Ayuntamiento de Santa Cruz, punto del paseo en el que el papa León XIV tiene previsto hacer una parada para saludar a la corporación.
"Se va a parar aquí", dice en bajito una señora que confiesa cierta perplejidad porque nunca se imaginó poder ver algo así en su ciudad, a lo que un señor le responde: "Pues qué casualidad, vamos a estar en primera fila", remata.
En el bar Orche, que pasará de ser zona legendaria de muchas madrugadas de Carnaval a testigo del paso del papamóvil por una de las principales calles de la ciudad, la avenida Méndez Núñez, a Orlando Morales, propietario del local, la visita del pontífice le pilla preparado. Espera una afluencia mayor de lo habitual
"Con el rodaje y el bagaje que tengo yo todos los años con el asunto de los Carnavales, preparados estamos... Muchos mayoristas me dijeron que habíamos pedido más de lo normal, pero yo soy de los que prefiero que sobre y no que falte", señala.
También asegura estar sorprendido por la elección del pontífice de visitar Canarias: "No te lo esperas porque aquí ya sabemos lo que pasa con las islas... estamos muy lejos y siempre lejos de cualquier evento o acto político.
Noemí y Xiomara, madre e hija, vienen también sorprendidas por la visita histórica de Robert Prevost a las islas.
Sobre los principales mensajes del papa durante su visita a Canarias, principalmente centrados en la inmigración, Noemí dice que le gusta que León XIV salga de las grandes ciudades y haya tomado el testigo del anterior pontífice, Francisco, respecto a su mensaje sobre la inmigración y la acogida.
"Se dice siempre que un papa va a las grandes capitales. Me gustó que diera oportunidades a lugares pequeños y sobre todo aquí, que hay gran cantidad de inmigración, y que cumpla con lo que dijo el papa Francisco, que no pudo venir", apunta Noemí.
Su hija Xiomara, ilusionada por la visita, resalta que desde pequeña la han criado en la religión, en el catolicismo, y que le impacta poder ver al papa de cerca.
"Es de impacto. Es una oportunidad que todo el mundo debería tener, poder conocer al papa, que tiene mucha influencia", señala la joven.
Desde Venezuela, Yusmaris dice tener mucha ilusión y esperanza por la venida de León XIV a Santa Cruz y asegura que quiere "pedirle mucho por su país".
Al pontífice le ve "muy humanitario y lleno de sentimiento" y asegura que ir tan temprano es "la mejor forma de verlo", concluye.
Junto a ellas, a medida que se acerca la hora de la llegada del pontífice y los preparativos se convierte en pura espera, la expectación continua creciendo con unos ingredientes curiosos: en una ciudad acostumbrada a un evento masivo anual marcado por la fiesta y, en cierto sentido, el pecado, ese bagaje deja paso a la fe y cierto sentimiento de fraternidad por vivir una experiencia colectiva que los chicharreros califican, por unanimidad y por lo raro que sería que se repitiese, como una jornada histórica.












