El gallego Tito Villarmea narra ante el Papa que rescató en el mar a más de 20.000 personas, un dato que "duele"
El capitán de Salvamento Marítimo recuerda que "nunca" olvidará a una madre que iba en una patera con su hijo, entre heridos y cuerpos sin vida

El Papa León XIV ha escuchado este jueves en el muelle de Arguineguín el relato del capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar 'Urania', Tito Villarmea, de origen gallego y que lleva 18 años en este organismo público, que rescató en estos años, junto a su equipo, a "más de 20.000 personas".
"Es una cifra que duele y que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas", subrayó, hablando en nombre de los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo.
Según relató, "nunca" olvidará a una madre que viajaba en una patera con su hijo, entre heridos y cuerpos sin vida. "Ya a salvo a bordo, la mujer se acercó al niño, de unos 14 años, le quitó el gorro y la cazadora y sacó unos pendientes dorados para colocárselos. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes. Podrían haber sido mis hijas", expresó, al tiempo que deseó "nunca más tener que rescatar a nadie".
Villarmea también hizo referencia a su historia familiar y es que, la mar, "forma parte de ella". Así, recordó que su bisabuelo falleció en la mar; y su padre y su abuelo, ambos pescadores, tuvieron que ser rescatados mientras faenaban.
"Yo continuo su tradición, pero salvando vidas", subrayó el capitán de la Guardamar Urania.
Más testimonios
El Papa también escuchó el testimonio de una mujer de Nigeria víctima de trata secuestrada por una mafia que la violó, la separó de su bebé tras una peligrosa travesía en patera hacia España y que la obligó a prostituirse.
Según su relato, que fue leído por otra mujer para proteger su privacidad, decidió salir del país con 22 años para darles un futuro a sus hijas, a las cuales tuvo que dejar atrás tomando "la decisión más difícil" de su vida.
"Vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas. Tuve que elegir. Vivir sufriendo o cruzar y jugármela. Morir intentándolo, o quedarme y no tener nada. Elegí cruzar", señaló.
Por su parte, la voluntaria de Cáritas María Reyes, que relató los primeros momentos en que empezaron a llegar personas migrantes al muelle de Arguineguín. "Cuando empezaron a llegar a las parroquias, la sensación de desbordamiento fue inevitable", recordó.
"La impotencia nos pesaba: los recursos eran escasos, no conocíamos su lengua y, muchas veces, solo podíamos ofrecer galletas, leche y un poco de atención", contó.
Si bien, explicó que lo que más les marcó fue "la comunión" vivida con el voluntariado de la zona, y explicó que aprendieron a acompañarles con pequeñas cosas como unas zapatillas o ayudándoles a conseguir la documentación necesaria.













